martes 1 de diciembre de 2009

Añoranza de tiempos de azoteas


En mi niñez a las azoteas las llamaban "el terrao". Ni siquiera "la terraza", no, "el terrao", que es como más castizo. Pero eso era en mi niñez, porque ahora, lo que se lleva son los áticos, y entre éstos o los aparatos de aire acondicionado, se han comido no solo un elemento estético, sino incluso un elemento costumbrista donde los haya: el mundo de las azoteas.

Muchas veces, en mis elucubraciones sobre cómo sería la Tri en el siglo XVII (mi favorito) he soñado con que pudiéramos tener una herramienta tipo Google Maps en la que ir, a base de zoom, viendo la fisonomía de la ciudad (de las ciudades) en esa o en cualquier otra época. Y en dicho escorzo imaginario siempre he pensado que, a buen seguro, se mantendría una visión cenital de la ciudad muy similar a la de la época de los moros, con esas azoteas planas y con vida. Nada de tejaditos a dos aguas, que aquí no llueve para eso ni ahora ni en los siglos pasados.

Vida. Eso es lo que tenían aquellos terraos. Y no por las jaulas de palomas o de pájaros que había en el de mi abuela Carmen, que tenía un vecino con aquellas aficiones. Ni siquiera por la ropa tendida en los cables -que no cuerdas- que los cruzaban de lado a lado. O por los trasteros, no. Tenían vida porque la gente los hacía propios. Desde las conversaciones de vecinas -del propio terrao o de alguno cercano- a los ratos en que se subía a los mismos a tomar el fresco en las noches de verano. Alguna que otra fiesta o guateque -que se decía en los tiempos preconcepcionales del bloggero- o algún encuentro fugaz -o no tanto- entre parejas de amantes.

El cine -ya se lee- ha puesto guión y contenido a aquellos escasos recuerdos infantiles míos de la mera existencia de aquellas azoteas. Películas de una España que ya no existe -dicen- o incluso de países cercanos, porque el cine italiano tiene también un buen puñao de azoteas en su filmografía. De unas azoteas de intensa vida social, no como las turcas que sólo acogen persecuciones de espías americanos en el cine.

Y a mí me gustan esas azoteas. Claro que a mi contraria le gustaría que tuviéramos un ático en una de ellas, pero lo que es a mí no me importaría compartir con mis vecinos algo de vida en el terrao. Que el mío -que el edificio donde habito lo tiene- no es utilizable entre el sonido de los motores de los ascensores,  el de la calle, los aparatos de aire acondicionado, los cables de las antenas -parabólicas o no- y la grava (por cierto, me encanta la definición de esta palabra en el DRAE como "conjunto de guijas") que hace las veces de filtro para el sofisticado -y caro- sistema que evita que se filtre agua en los pisos superiores cuando llueve. Las terrazas ya no son lo que eran. Curiosamente, eso sí, no sé si os habéis fijado pero llamamos terrazas, por su vida social, a las mesas que ponen los bares en la calle y que en verano se ponen de bote en bote. Por algo será.

Pero ya no hay vida de azotea, de terrao, en North Cartagena, como tampoco la hay ya en la Tri. Se murió casi tanto como la costumbre -más de pueblo o huerta que de la ciudad de mi infancia- de sentarse en la puerta de la calle, en aquellas sillas de madera y esparto a cotorrear un poco con las vecinas. La de barrer la puerta, que era una de las aficiones más traídas de las señoras de aquellos carriles, que aprovechaban el momento de echar un poco de agua (con la mano, desde el cubo, nada de mangueras) y pasar la escoba para controlar hasta el último mosquito que pasara por su entorno. ¿Véis? Eso no lo tenían los terraos, porque de allí se podía ver un poco lo que pasaba abajo -además desde el anonimato-, pero era como más distante y daba lugar a un mayor ejercicio imaginativo de nuestras abuelas cuando se ponían marujas.

Así que entre que los niños han perdido la calle y los mayores los terraos, no era de extrañar que inventaran Facebook y similares, que son como los terraos de antaño, donde en lugar de ver la ropa tendida de la vecina, uno ve sus fotos y comentarios. Pero en versión menos castiza.

Yo, sin embargo, hubiera disfrutado un montón con la vida de los terraos que uno imagina. Compruebo, eso sí, que la palabra terrado viene en el Diccionario de la RAE como sinónimo de terraza, de cubierta de un edificio, así que no es un cartagenerismo como pensaba.

Fotowiki: Mujer y niña en una terraza, de Berthe Morisot (1873), en el Instituto de Arte de Chicago.

lunes 30 de noviembre de 2009

Donde se escribe de un barco que fue hundido en Cartagena. La historia del Acorazado Jaime I


A veces los barcos se hunden. Unos de una manera, y otros de otra. Ya, ya sé que está lo del Principio de Arquímedes y todo eso, pero con mayor o menor esfuerzo, algunos se hunden.

Los hay que tienen una relación extramatrimonial con un iceberg, como el Titanic, y se van a pique. O los que deciden montar una guerra a cuenta de su hundimiento, y van y los vuelan, como el Maine. Otros, por el contrario, hay "hundirlos a cualquier precio" (Sir Winston Churchill, mayo de 1941) y eso implica perseguirlos por mar y aire hasta conseguir el objetivo, que fue lo que le pasó al Bismarck. Incluso algunos se quedan medio hundidos, como el USS Arizona (por cierto, si un barco hundido es un pecio, ¿un barco semihundido es un semipecio?).

Bromas aparte, no sólo pasa eso en tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936) que ya desde la antigüedad se hundían los barcos. Que se lo digan a los fenicios aquellos que se dejaron alguna nave frente a Mazarrón. O los muchos romanos que sembraron de ánforas las casas de unos cuantos paisanos -previo paso de las mismas por el fondo del mar-. Y estaban los que encallaban y servían para hacer un fuerte, pero no para volver a navegar, como le pasó a la Santa María en 1492. Y los muchos que hundieron los piratas (los de verdad y los que estaban, como Bond, al servicio secreto de Su Majestad) en el Caribe. Y hasta los de la Gran Armada y su pugna con los elementos. En fin, muchos.

El caso es que de los barcos hundidos se pueden escribir enciclopedias completas, porque es un tema que da para mucho, documentales incluidos. Un tema que atrae a mucha gente, que se viste de un halo de misterio, romanticismo y drama de esos que gustan a todos. Pero claro, no es plan de escribir de todos a la vez. Unos se hacen famosos y otros no. Y aunque podría hacerlo de unos cuantos -y lo haré, supongo- hoy le toca el turno a uno que es quizá menos conocido que algún pariente cercano, mucho más mitificado por prensa y exautoridades. Del que hoy escribo es del Acorazado Jaime I.

Su historia, incluso antes del hundimiento, es curiosa donde las haya. Resulta que en 1907 el Parlamento aprueba un plan presentado por el Ministro de Marina José Ferrándiz (en un alarde de imaginación sería conocido como "Plan Ferrándiz"), siendo Presidente del Gobierno Antonio Maura. Merced a éste, se construirían tres acorazados tipo "Dreadnought" (un buque británico, el HMS Dreadnought, botado en 1906 y que supuso -dicen- una auténtica revolución en la constucción de buques de guerra). Pero como España ya era diferente por aquel entonces, la reducción de presupuesto y de compromiso convirtió a estos tres acorazados en una versión reducida hasta el extremo del original inglés.

De su construcción se encargó la Sociedad Española de Construcciones Navales (antecedente de lo que muchos conocimos como la Bazán y hoy es Navantia) en sus astilleros de El Ferrol. El primero recibió el nombre de España (dando nombre a la clase, como suele suceder por estos lares). El segundo fue bautizado con el nombre del Rey, Alfonso XIII, aunque curiosamente, habiéndose hundido el primero en 1923, con la proclamación de la II República, se rebautizó al segundo con el nombre del primero.

El tercero, que es el del que me ocuparé, fue llamado Jaime I. Era éste -como sus hermanos- un buque de grandes dimensiones (140 metros de eslora por 24 de manga) y tuvo un parto bastante largo, pues comenzó a construirse en El Ferrol en 1912, fue botado en 1914 y, sin embargo, no se entregó a la Armada hasta 1921. Presumen los biógrafos del barco -que los hay- que nunca cambió de nombre, pese a llevar el de un Rey, incluso tras la proclamación de la República.

Desde el principio acumuló un amplio historial de acción, participando en el control de las aguas del Mediterráneo Oriental durante la Revolución Turca de 1922 o en el Desembarco de Alhucemas en 1925.

Llegada la Guerra Civil, cuyo inicio le sorprende en Santander, inicia viaje hacia el Estrecho de Gibraltar, aprovechando la travesía para que la marinería se amotine y engrose el negro historial de ejecución de oficiales de la Armada. Ya en el sur, bombardean con sus veintiocho cañones Vickers, La Línea, Ceuta o Algeciras, antes de que una bomba procedente de un Junker alemán le impacte por vez primera el 13 de agosto de 1936. Vuelve al norte, aunque poco después lo mandan a Cartagena, desde donde realiza diversas acciones que le llevarán a embarrancar cerca de Roquetas de Mar el 15 de abril de 1937. Pese a los daños, consigue llegar al puerto de Almería, donde es bombardeado el 21 de mayo, recibiendo el impacto directo de tres bombas.

En mal estado e impedido para la acción, se decide remolcarlo hasta el astillero de Cartagena, para ser reparado. En el puerto se encontraba cuando el 17 de junio de 1937 una fuerte explosión en el interior del navío lo manda a pique, fijándose el número de bajas en casi tres centenares, y en varios cientos también el número de heridos. Una explosión de la que no hay una causa oficial, un dictamen preciso que nos diga el cómo y el porqué. Es, sin embargo, un tema que despierta un gran interés (en Facebook cuenta con un grupo que tiene ni más ni menos que 959 miembros) en el que se mencionan varias causas posibles.

¿Explotaron sus calderas por un sobrecalentamiento? ¿La intervención de algún soplete eléctrico durante tareas de reparación en un contexto inadecuado? ¿Un acto de sabotaje? Incluso se podrían añadir otros más como la impericia en el manejo (traslado) de explosivos o en las prisas por retomar la acción. No sé, desde luego es un misterio de difícil resolución, pero no está de más que recordemos -como en su día lo haremos con el Sirio o el Castillo de Olite- a uno de los barcos que pasaron a la historia triste de nuestra costa. O algo más lejos, como el Submarino C3.


El Jaime I no se quedó en el fondo del mar. Poco después de su hundimiento sería reflotado, no para repararlo -era imposible- sino para recuperar su artillería, desguazándose en 1941. Algunos de aquellos cañones Vickers del Jaime I estuvieron durante años en servicio en las baterías de costa del Mediterráneo.

Fotowiki: No es el Jaime I, sino su hermano mayor, el España, fotografiado en 1913 en El Ferrol.

jueves 26 de noviembre de 2009

De una efeméride de cine para un 26 de noviembre


El 26 de noviembre de 1942 el mundo estaba inmerso en una guerra de considerables dimensiones que transitaba por su ecuador. Bueno, España no, pero es que aquí siempre hemos ido un poco por libre. En aquellos tiempos la prensa llevaba temas interesantes en sus portadas. Así, el citado día podían leer cosas como que la Sección Femenina preparaba un aguinaldo para la División Azul o que "La Cruzada anticomunista reafirma su voluntad jurada de defender al Mundo contra el peligro soviétivo".

La IIGM centraba sus cuestiones bélicas en el Norte de África. Así lo mostraban también otros titulares de prensa con declaraciones del Ministro de Negocios Extranjeros británico ("la batalla está en una fase muy delicada") aunque otros optaban por seguir la matraca ideológica oficial ("Mientras los rusos se estrellan contra la resistencia del Eje, los alemanes avanzan en el Cáucaso, por la carretera de Georgia").

El caso es que aquellos días los Aliados andaban un poco dispersos (es lo que tienen las Guerras Mundiales) y lo mismo combatían en Guadalcanal que en otra de las batallas emblemáticas de aquella contienda: la de Stalingrado. Pero entre aquellas acciones tampoco descuidaban el Norte de África donde al Afrikakorps de Rommel le estaban dando estopa. Y aunque las acciones se centraban en la zona mediterránea (Túnez o Libia), por donde ya transitaba el 8º Ejército Británico (las Ratas del Desierto de Montgomery) que le dió sopa con ondas a los nazis en El Alamein el 4 de noviembre y el día 13 conquistaba Tobruk.

Antes incluso de que los nazis decidieran invadir la Francia de Vichy (el 11 de noviembre),el día 8 los aliados desembarcan en Argelia y Marruecos. Es la Operación Torch.Así, el General Patton al frente de 35.000 hombres de la 3ª División de Infantería, con un batallón de 50 tanques y apoyo naval ataca Casablanca a las 7,30 horas del 9 de noviembre.

Y claro, cuando la noticia llegara a las Colonias Escindidas y el Lejano Oeste unos días después (incluso existe una grabación documental-cinematográfica de la entrada de los Aliados en Casablanca), los hermanos Warner (los tres que quedaban vivos, a saber Harry, Albert y Jack -Sam había muerto en 1927-) que no eran tontos ni mucho menos, decidieron que la película que tenían grabada sobre aquella ciudad africana no podía esperar ni un minuto más en las estanterías de los estudios Warner Bros.

Y es que jamás se ha visto como la coyuntura internacional se plantee mejor como promoción de una película. Y es que encima, el estreno oficial de la obra en cuestión tuvo lugar el 23 de enero de 1943, cuando Casablanca acogió la Conferencia Angloamericana en la que se dieron cita (en el hotel Anfa de la mencionada ciudad) Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt. Pero a lo que iba es a que el 26 de noviembre de 1942 -hoy se cumplen 67 años- se exhibió por vez primera 'Casablanca', en un preestreno en el Teatro Hollywood de Nueva York.

No voy a contar nada de la película. Todos la hemos visto -algunos incluso decenas de veces- y sigue pareciéndonos una de las mejores obras de la historia del Cine. Suelo afirmar de cuando en cuando que una película consigue pasar a la Historia cuando alguna de sus escenas es recordada por todo el mundo años después. Y en ese sentido pocas películas pueden presumir de contar con tantas escenas inolvidables como 'Casablanca'. Súmale una interpretación genial, la presencia de la más bella actriz de todos los tiempos, una música inolvidable,...

Una película que acumula múltiples anécdotas, aunque no sólo durante el rodaje (que no fueron pocas), sino que, por ejemplo, se exhibe cada año en la Universidad de Harvard durante la semana de exámenes finales, una tradición que se remonta a 1957. Curiosamente (ya he contado que su estreno oficial fue en enero del 43) su participación en los Óscar no tuvo en cuenta su preestreno, y no sería hasta el 2 de marzo de 1944 cuando obtuvo el reconocimiento de Mejor Película y Michael Curtiz el de Mejor Director. Así mismo, Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch obtuvieron la estatuilla al mejor Guión Adaptado (recordemos que originalmente 'Casablanca' fue una obra de teatro llamada 'Todos Vienen al Café de Rick'). Estuvo nominada además a otros cinco Óscar que no obtuvo (Mejor Actor -Humphrey Bogart-, Mejor Actor de Reparto -Claude Rains-, Mejor fotografía en blanco y negro -Arthur Edeson-, Mejor Montaje -Owen Marks- y Mejor Banda Sonora -Max Steiner-).

El Óscar a la Mejor Actriz aquel año fue para Jennifer Jones por 'La Canción de Bernadette' e Ingrid Bergman sí estuvo nominada, aunque por su papel en 'Por Quién Doblan las Campanas'. El que le arrebató a Bogart el muñequito dorado fue Paul Lukas, por la peli 'Alarma en el Rhin'.

Imagino que es probable que hoy nos cuenten en algún Telediario lo de los años que cumple 'Casablanca'. Eso sí, seguro que se centran en las anécdotas de rodaje, en los actores, el director y tal. Y como a mí lo que me gusta es poner las cosas en su contexto histórico, pues...

Fotowiki: ¿Y si no estudiamos en Harvard no podemos ver 'Casablanca' en pantalla grande?

miércoles 25 de noviembre de 2009

De donde se deduce que no falta nada para la Navidad (3. Coca Cola)

Uno, que en el fondo -y no tan al fondo- es un poco nostálgico, podía, en su repaso de los anuncios navideños, echar mano de una buena lista de anuncios de la Coca-Cola, que haberlos haylos. Desde los que "inventaron" la estética de Santa Claus (dicen por ahí) a los de cascabeles y lucecitas e incluso a los últimos (francamente horrorosos). Pero si le preguntas a cualquier individuo de mi generación, el anuncio de Coca-Cola en Navidad es, sin género de dudas, "el del árbol", aquel de "al mundo entero quiero dar...". Y de ese es del que voy a escribir.

En principio pensaba que no sería tan fácil conseguir datos sobre ese anuncio como de otros hispanos de la misma época, como los de 'Las Muñecas de Famosa' o 'Turrones El Almendro' que se llevan la palma en esto de los tópicos publicitarios navideños. Pero fue al contrario.

De entrada, el anuncio original de Coca-Cola que incorpora la canción que recordamos no es un anuncio de Navidad. La canción "I'd Like to Buy the World a Coke" es una creación de tres creativos de la agencia McCann-Erickson: Bill Backer, (director creativo de la cuenta de Coca-Cola), Billy Davis y Roger Cook. Se compuso en 1971 para ser interpretada por un popular grupo británico de corte folk, The New Seekers (que un año más tarde quedarían quintos en Eurovisión, por detrás de 'Amanece' de Jaime Morey, que quedó cuarto).

Era el comienzo de una nueva campaña de Coca-Cola, la que llevó por lema "It’s the Real Thing" y la música se estrenó en febrero de 1971. Ahora faltaba el anuncio de televisión. El mencionado Backer publicaría más tarde un libro en el que se cuentan los mil avatares de un anuncio que se iba a rodar inicialmente en los acantilados de Dover pero que acabó grabándose en Roma.



Cuentan que tras el estreno de ese anuncio en el verano de 1971 el impacto fue brutal. Probablemente mayor que el de casi ningún otro anuncio. The New Seekers grabaron el tema como una canción de uno de sus discos (retitulado como "I'd Like to Teach the World to Sing"), aunque no fueron los primeros en versionarlo, porque antes hubo una versión country grabada por un grupo llamado Hillside Singers. Y a partir de ahí versiones en un montón de idiomas, etc.

Así que, aunque no encuentro constancia de cuando sucedió, se realizó una versión de Navidad (creo que en realidad más de una), aunque parece que no fue tan inmediato como yo pensaba, y que a lo mejor fue un poco después. Ahí ya salían todos con sus velitas y formando un árbol de Navidad.



Y de ahí nació la versión española, con una letra que todos recordamos y con unas imágenes tomadas de la versión original, que queda así recortada al suprimir los tipos raciales que en aquellos tiempos era difícil imaginar entre la sociedad española. Incluso me parece más oscura, no sé.

"Al mundo entero quiero dar, un mensaje de paz. Y junto al árbol revivir la alegre Navidad. Al mundo entero reunir, y con todos cantar. Y junto al árbol revivir..."

Intercalando entre la letra el eslogan de Coca-Cola en aquella campaña ("It's the real thing", aquí traducido como "La chispa de la vida"). Así que teniendo en cuenta que en 1976 se estrenaría una nueva campaña publicitaria con un nuevo lema ("Coke Adds Life" - "Coca-Cola da más vida") parece que, pese a lo que algunos afirman, el anuncio que recordamos todos debió ser de los primeros setenta.

Y menos rollo y por fin, el enlace de la versión española de la versión navideña del anuncio de 1971:


martes 24 de noviembre de 2009

De un triple regicidio en toda regla


No hace mucho que escribía yo sobre los magnicidios hispánicos. Sobre los cinco Presidentes del Gobierno que fueron asesinados en España entre 1870 y 1973. Sin embargo, y hasta la semana pasada, no me consta que dicha tentación homicida se extendiera con éxito entre la Monarquía. Vale, está el atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia el día de su boda (31 de mayo de 1906), en la calle Mayor de Madrid, pero aquella ocasión resultó fallida para su autor, el anarquista Mateo Morral. Los Reyes salieron ilesos, aunque no así los 23 muertos que provocó aquella bomba, ni tampoco el centenar de heridos. Pero no hubo regicidio. Sí hubo unos cuantos en la Edad Media, e incluso más atrás -incluyendo al oso y a Favila-, pero de eso ha pasado demasiado tiempo y se han aprobado demasiadas leyes educativas como para que la gente se acuerde.

Lo que sí es reciente es la decisión del gobiernodespaña de cargarse el día de Reyes como festivo inamovible en el calendario laboral de 2010. O sea, un triple regicidio en toda regla. El de Melchor, el de Gaspar y el de Baltasar. Para que luego digan.

El 6 de enero se celebra la festividad de la Epifanía. Traducción: la manifestación de Cristo como Dios ante los hombres, una celebración -dicen- más antigua que la misma de la Navidad. Desde el siglo IX, además, ligada a la Adoración de los Reyes Magos, donde el mundo profano reconocía a Jesús como Dios, pues lo de Mesías quedaba reducido a los judíos. Simplificando: una celebración muy antigua, con significado y muy extendida. Y eso limitándonos a su consideración histórica o religiosa, porque de la costumbrista o de su importancia para la chiquillería se podrían escribir libros enteros.

Y desde aquellos tiempos remotos hasta ahora. Vale que no en todos los países con la misma fuerza que en España, donde es costumbre que los Reyes visiten los hogares en la noche del 5 al 6 de enero para dejar regalos a los niños. Pero extendida. Cuenta Tita Wiki que ese día es festivo en "diversos países hispanohablantes, así como en partes de Alemania (en Baviera, Baden-Württemberg y Sajonia-Anhalt) y en Austria, Italia, Suecia, Finlandia, Croacia, Liechtenstein, Eslovaquia y en partes de Suiza (Schwyz, Tessin, Uri y algunas comunidades del cantón Graubünden)". Vamos, que no es una fiesta local de esta España nuestra, como pueden pensar algunos. O al menos no lo era.

Porque la semana pasada se hacía público mediante la publicación en el BOE de una resolución de la Dirección General de Trabajo el calendario de festivos para el año 2010, donde el gobiernodespaña ha eliminado como festivo fijo nacional (o como se diga) el día de los Reyes Magos. Vamos, que desde el próximo año el 6 de enero es un festivo sustituible, de forma que si alguna Comunidad Autónoma lo desea, puede cambiarlo por otro día. Y lo curioso es que el regicidio se veía venir.

Cuando el bloggero iba al colegio, eso de Papa Noel era como una excentricidad rarita de unos pocos. Como lo de poner el árbol, que ahora parece que es de toda la vida y en España tiene cuatro días, los mismos que hace que dejamos de poner el belén. Y eso en una tierra de tanta tradición belenista como ésta, que no me quiero imaginar por ahí arriba. El caso es que aunque algunos padres racionalizaban eso de que si los regalos te los traía Papa Noel tenías más días para jugar, la mayoría se inclinaba por mantener la tradición de esperar a esa mágica noche del 5 al 6 de enero para que los Reyes atendieran las cartas que les habían hecho llegar.

Pero los tiempos cambian, la sociedad ¿evoluciona? y de un tiempo a esta parte parece que el señor gordo de la barba blanca se ha hecho el amo de la Navidad. Que empiezan ya por estas fechas a poner en todas las televisiones películas del tipo éste y ya no paran hasta un rato después del mensaje del Rey. Y no digamos los Ayuntamientos. Que viste más organizar saraos con el tipo del trineo que con los de los camellos, que se prestan menos.

Y el caso es que no sé por qué me sorprendo. El año pasado ya se percibió un movimiento subrepticio hacia la derogación de la monarquía de Oriente. Eso de adelantar las rebajas al 2 de enero conllevaba la desaparición de todo adorno navideño a partir de ese día, con lo que la festividad de los Reyes quedaba como un islote en medio de un mar de rebajas. Quedaba como un epílogo innecesario una vez pasada la resaca de la Nochevieja. Si es que mezclar lo monárquico y lo religioso como que no vende, al parecer, en esta España actual, tan moderna y tan progre.

Y yo me pregunto si esta gente habrá estado cualquier año en una Cabalgata de Reyes. Si habrá visto la cara de inmensa ilusión de un niño al mirar a los Reyes en sus carrozas. Si habrá disfrutado de esos momentos en el único día en que los críos quieren irse pronto a la cama tras dejar, por supuesto, preparado algún cuenco con alimento para los Reyes y sus camellos. Si habrá disfrutado cuando, al alba, los mismos críos saltan de la cama y te despiertan para enseñarte, nerviosos, lo que los Reyes han dejado. Si habrán comido roscón de Reyes buscando el haba que obliga a pagarlo. Lo curioso es que creo que sí, que lo habrán hecho, pero se han dejado llevar al lado oscuro, siguiendo las enseñanzas del Sith más poderoso: Darth Claus.

Habrá quien diga que exagero, pero me temo que esa consideración del 6 de enero como festivo sustituible es el comienzo del fin. Un triple regicidio en toda regla.

Fotowiki: ¿Se terminará por perder esta imagen de los niños sobre las rodillas de los Reyes en la puerta de algún centro comercial? ¿Alguno de los lectores no tiene una foto en dicha situación?

lunes 23 de noviembre de 2009

Donde el bloggero saluda


A veces, cuando me da por contar batallitas propias, cosa que últimamente sucede un día sí y otro no, y además intercalando estas historias con otras de paisanos de siglos más o menos remotos, me da la sensación de que debo transmitir la imagen de ser más viejo que las sandalias de Anibal, pese a que fuí nacido allá por el sesenta y siete (mil novecientos y tal). O sea, que vale, gobernaba en las Españas un general superlativo y Massiel no había ganado Eurovisión, pero el Madrid tenía ya seis copas de Europa, y eso estuvo vigente una jartá de años.

A lo que iba. Lo que me pasa es que uno está ya muy baqueteado, por lo de precoz y tal. Que aquí el bloggero echó los dientes y ya estaba pensando, opinando y sopando en varios platos. Inquieto que era el chiquillo. Y cuando nació el diario La Opinión, aunque tenía la mitad de años de los que gasto (con lo que se deduce fácilmente que es un periódico que me ha acompañado la mitad de mi vida) ya andaba yo en saraos de esos que a veces tienen presencia periodística. En ese caso en tareas varias de representación estudiantil en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia, que como TVE durante muchos años, entonces era la única existente en esta Diócesis.

Así que claro, mis primeros recuerdos de La Opinión, para no variar en mi manía de ponerle cara a las cosas, los protagonizó una entonces embarazadísima Rosa Badenes, que era quien escribía en sus páginas de las cosas éstas de los universitarios en aquellos años en que lo mismo nos movilizábamos en una huelga general contra Felipe González que para pedir que cambiaran el sentido de las puertas de acceso a la Facultad, que entonces se abrían hacia dentro. Vale es un resumen simplista, pero es. Lo aseguro.

Eran los tiempos de la prensa en blanco y negro, que eso de publicar fotos de colorines como que no, y hasta la mancheta de La Opinión era entonces así: negro sobre blanco, con unas letras estilizadas. Y a ver a que zagal de veinte años no le hacía ilusión que lo sacaran entonces en el periódico contando sus batallitas, así que por ahi debo tener algún recorte de la época.

Y aunque uno ya entonces tuviera currículo político (breve) o incluso de incipiente curioso en eso de la Historia, lo cierto es que no podía adivinar la existencia de internet, las webs, los blogs y todo eso. Que de haber tenido esa visión de futuro ahora sería o rico o Julio Verne, y no es el caso (ninguno de los dos casos). El caso (malísimo juego de palabras) es que hace un poco más de un año tuve la idea de dejar por escrito en un recinto bloggero opiniones de lo más diverso. Y hoy este blog se hace mayor por la gentileza de La Opinión de acogerlo en su web, en este espacio de blogs en el que desde ya me encuentro de lo más agustito (como cantaría mi paisano, aunque en mi caso sin tomarme una sola copa), con tan excelente compañía de admirados escritores y bloggeros.

Mi agradecimiento a la gente de La Opinión y nos ponemos manos a la obra. Un placer.
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Bueno chicos, este mensaje estará en breve colgado en la web de blogs del periódico La Opinión de Murcia, a cuya relación de blogs se incorpora hoy el Ventiblog. Mantendré ambas direcciones para que podáis leerme, la actual y que ya conocéis y la nueva, que es http://blogs.laopiniondemurcia.es/ventiblog/

Os aseguro que es un placer compartir espacio con tan buena gente a la que agradezco que me hayan invitado a sumarme a la familia de La Opinión.

viernes 20 de noviembre de 2009

Donde se escribe sobre un famoso general y sus andanzas -o no- por estas tierras


Lo del desconocimiento de la propia historia del que hacemos gala habitualmente no es algo nuevo. Y lo de que el bloggero dé la matraca con ello tampoco. Pero curiosamente en mis últimos apuntes biográficos he traído (y traeré) por el blog a personajes más o menos olvidados. Gentes que fueron notables -y mucho- en su momento, pero que con el paso de los siglos hemos dejado de tener presentes, sin apenas mínimas referencias, en el mejor de los casos, a su misma existencia. No será el caso del personaje del que hoy escribo, conocido donde los haya, estudiado en mayor o menor medida según el origen geográfico del libro de texto, pero presente en cualquier manual de Historia del mundo. Me refiero a José Francisco de San Martín y Matorras. Padre de la Patria Argentina. Libertador de Perú. Capitán General del Ejército de Chile. Pero... ¿cuantos de los habituales lectores de este blog conocen la curiosa historia que relaciona al General San Martín con Murcia?

Esta es una historia francamente curiosa. Cualquiera que pase por la Ronda de Garay en su tramo paralelo al río (en el edificio militar, de diferentes y sucesivos nombres y destinos, ubicado entre la Cruz Roja y el Siete Coronas) puede encontrar una placa, colocada -si no recuerdo mal- en 1974 en la que se hace mención a la estancia en Murcia de tan insigne y reputado militar. Algo que puede que sucediera -no seré yo quien le quite toda verosimilitud a un hecho probable-, pero que conviene matizar. Lo que está claro es que North Cartagena en su totalidad ignora a este personaje, a estos hechos, y desde luego, si no me falla la memoria, no hay calle, plaza o monumento que le recuerde.

San Martín nació en Argentina. Concretamente en una localidad llamada Yapeyú, en la provincia de Corrientes, cerca de la frontera con Brasil. Era un 25 de febrero de 1778 y aquel era aún territorio español, y allí sus padres -leoneses- residían por encontrarse destinado allí como Teniente de Gobernador el progenitor de nuestro protagonista. Así que aquella -la nuestra- era la nacionalidad de un San Martín que, con sólo siete años se vino a vivir a España. Estudió en el Real Seminario de Nobles de Madrid y en la Escuela de Temporalidades de Málaga hasta que el 21 de julio de 1789, justo una semana después de la Revolución Francesa (y no sé si influido por ella) ingresa, con tan solo once años de edad, en el Ejército, como cadete y lo hace en el Regimiento de Infantería nº20 de Murcia, "El Leal", lo que conlleva -resumiendo tanto como suelen hacerlo las enciclopedias, sobre todo las virtuales- que se escriba que San Martín ingresa en el Regimiento de Murcia.

Y todo eso está muy bien, pero es que resulta que el Regimiento de Murcia tenía su sede, su base, su cuartel, en Málaga. Sí, he escrito bien. Igual que el Regimiento de Sevilla, por ejemplo, la tenía en Cartagena. Porque una cosa era el nombre de los Regimientos y otra muy distinta su ubicación geográfica real.

Así que no seré yo quien diga que la ciudad de Murcia se equivocó al colocar la placa marmórea que menciono. Que muy probablemente luego, en su varios grados dentro de una brillante carrera militar San Martín estuvo allí, pero desde luego no por lo que todo el mundo piensa.

Sería en efecto una impecable trayectoria la suya, y no exenta de acción, pues su Regimiento tiene participación en múltiples combates que lo llevan a diversos lugares. Con sólo trece años conoce lo que es la guerra, y participa en la campaña que libra su Regimiento en Orán. Ascendió por méritos desde bien pronto y participó en guerras contra Portugal, Gran Bretaña o Francia. Tomó parte en batallas navales, estando embarcado su Regimiento (de Murcia) y destacó de forma notable en la Guerra de la Independencia española ante la Francia napoleónica en 1808, sobre todo en la conocidísima (al menos antes) Batalla de Bailén. Hasta que abandonara el Ejército español en 1811, había participado en diecisiete acciones de guerra. Su renuncia al Ejército español ya lo había sido para tomar partido por la independencia de las naciones sudamericanas, haciéndolo además con el reconocimiento de sus superiores, en una escena que me recuerda -salvando las distancias- a lo que debió ser la marcha de los cadetes del Sur de la Academia de West Point en la Guerra de Secesión de las Colonias Escindidas y el Lejano Oeste, que fueron despedidos con honores por sus compañeros, a los que pocas semanas más tarde habrían de enfrentarse en el campo de batalla (escena magistral de la película 'Murieron con las botas puestas'). El honor, qué importante resulta a veces -siempre en el Ejército-.

De lo que sucedió a partir de 1812, cuando retorna a Buenos Aires no hace falta que escriba, pues es bien conocido. Allá es un héroe recordado y venerado. Su tumba, en la catedral de Buenos Aires cuenta con una guardia permanente de Granaderos de la República y es un magnífico sepulcro cubierto con la bandera argentina. Y lo mismo que en Argentina, en Chile o Perú.

Así que, placas al margen, puede que San Martín no estuviera nunca en Murcia. O puede que sí. Donde sí estuvo fue en Cartagena, en 1797, embarcándose en una fragata, la "Santa Dorotea" (En 1791 ya había estado unos días en el castillo de San Julián antes de partir a su primera campaña en África y en 1792 estuvo en Cartagena durante siete meses a la vuelta de Orán). Escriben que el tiempo que el Regimiento del que formaba parte San Martín (Murcia) estuvo guarnecido en el Cuartel de Antigones estuvo perfectamente integrado en la vida cultural de la ciudad.

Pero lo cierto es que sí protagonizó una anécdota en realce del nombre de esta ciudad que daba nombre a su Regimiento. Fue el 18 de mayo de 1798, en el puerto francés de Tolón. Allí, mientras la Santa Dorotea se encontraba fondeada, San Martín, junto a otros españoles fue comisionado a asistir a una recepción que ofrecía Napoléon Bonaparte, cuya flota se encontraba en ese puerto a punto de zarpar para Egipto. En la misma, y ante lo diferente del uniforme del teniente San Martín de los del resto de los asistentes (marinos), el corso se acerca a éste y coge un botón de su casaca, pronunciando en voz alta una sola palabra: Murcia. Y se marchó (a Egipto y poco después a iniciar sus avatares como Primer Cónsul).

Y como decía el otro, así son las cosas y así se las hemos contado.

Foto: El bloggero, cuando aún ocupaba el doble de espacio y llevaba unas cuantas tallas más, el 20 de enero de 2008 ante la tumba del General San Martín en la Catedral de Buenos Aires.