sábado, 7 de abril de 2012

Diario de cosas raras al llegar a casa


Llegar a casa un Viernes Santo sin haber esperado a la recogida de la procesión, sin haberle cantado la Salve a la Soledad en el día en que la he visto mejor que nunca, en un trono sencillamente espectacular.

Llegar a casa y no tener que quitarse la capa, dejar el capuz, soltarse (con cierta dificultad) el fajín, dejar a la vista los guantes para el Sábado Santo, quitarse la túnica y luego soltarse las sandalias, notando cómo han dejado su marca sobre los calcetines, y cómo tus pies siguen notando su presencia aun cuando ya no las llevas.

Llegar a casa sin haber estado pendiente del Sudario toda la procesión, sin estar concentrado en no perder la alineación con el de al lado y mantener la distancia con el de delante. Sin haber escuchado 'Santa Agonía' más que un par de veces. Sin sudar.

Llegar a casa tras haber contemplado completa la mejor procesión del mundo. Tras haberse maravillado al ver llegar al Jesús en su trono de la Casa Granda. Tras haber visto pasar a los Granaderos y el Cáliz. Y el Expolio. Y el Descendimiento, que es algo que uno no puede ver normalmente. 

Llegar a casa y haber visto pasar a la Agonía. He aguantado bien, aunque al principio casi que no, pero luego sí. Y es alucinante ver cómo es el trono de espectacular desde los ojos de un espectador.

Llegar a casa tras haber visto la procesión desde el único sitio en que un marrajo historicista podía verla en un año en que no puede salir en ella: en Santo Domingo, entre la puerta de la iglesia y la de la capilla marraja.

Llegar a casa tras contemplar la sorpresa y el gesto de cuantos pasaban ante la capilla marraja (desde dentro o desde fuera de la procesión) y veían su puerta abierta, y tras ella la impresionante imagen de la Santísima Virgen de la Soledad de los Pobres, que hoy presidía la capilla del Nazareno tras el dintel de la puerta y sobrecogía a cuantos la contemplaban al paso del cortejo del Santo Entierro.

Llegar a casa y ponerse a escribir en internet, cuando sabes que no se ha cantado la Salve, pero cuando eres plenamente consciente de que si la procesión de hoy no hubiera sido la del Santo Entierro no hubieras podido ir a verla, que el cuerpo tiene sus límites y sólo se pueden sobrepasar con un motivo tan justificado como éste. Que lo era.

Llegar a casa sin tener la necesidad de descansar como sea para la procesión de la Vera Cruz. Sin estar pensando en el tercio y en su desfile. Sin pensar en el recorrido y en las cosas que cada año te sorprenderán.

Llegar a casa y no ver -ni haber visto en toda la semana- ni un solo traje de capirote colgado de su percha, cuando hace nada veías cuatro (bueno, tres de capirote y uno de monaguillo). Menos mal que mi hermano ha tenido el detalle de venir a vestirse aquí, aunque no he tenido fuerzas para estar pendiente. Pero se lo agradezco.

Llegar a casa después de tomarme dos asiáticos, una cocacola y un paracetamol como doping innecesario, porque el necesario es el tambor, que es lo que verdaderamente despierta la procesionina, esa hormona extraña de la que escribía hace unos días.

Llegar a casa y contar los días que faltan para que vuelva a ser Viernes Santo. Bueno, en realidad esto no es raro, es lo normal. Y quedan pocos. El 29 de marzo, si los mayas no lo impiden. O sea, que once meses y poquito. Me gusta. Sed buenos.

viernes, 6 de abril de 2012

En plena vorágine


Si el bloggero fuera XX en vez de XY quizá tendría más fácil explicar esta curiosa sensación de no saber muy bien en qué día vive ni qué hora es. Si fuera XX podría decantarme por ser Alicia o Dorothy, y así, una vez que me hubiera transmudado al mágico mundo de Oz o hubiera llegado al País de las Maravillas a lo mejor todo tendría una explicación más fácil para esta pérdida de espacio temporal.

Y no porque no te lo chive fácil el ordenador o el móvil (ahora mismo dice que es madrugada de Viernes Santo y que es casi la una de la mañana), sino porque pese a que uno anda mermado y no va a salir en procesión, la Semana Santa ha entrado en esa especie de tornado que te arrastra a toda velocidad y que te transporta del Miércoles Santo a la mañana del Sábado Idem en un pis-pas.

Que resulta que andaba yo comprando sillas y viendo tronos en la mañana del Miércoles en Santa María y en nada estaba Poncio lavándose las manos en la plaza del Ayuntamiento, para dar paso a que Granaderos y Judíos pasacallejearan anunciando la Magna. Y que a las nueve de la noche sonaba un cohete, se abrían las puertas de Santa María y los californios salían a procesionar. Y que cuando el San Pedro de Sánchez Lozano pisaba la rampa, el de allí arriba abría los grifos y les pegaba a mis primos de rojo el susto del año, que menudo ataque de pánico cundió cuando se pensaba que la lluvia cogía a casi toda la procesión california en la calle y los mojaba.

Cambio de ritmo y de recorrido hasta que la cosa empezó a calmarse. Que se calmó. Lo que pasa es que claro, se te hace ya noche-noche y más que dormir echas una siesta nocturna, porque el Jueves Santo despunta y te coloca la corbata para ir al Patronato, a empezar a teñir de morado un día que es californio en silencio.

Hay gente que es fan de la música, que grita en los conciertos y pide autógrafos a los famosos. Otros lo son del fútbol, y bufandean y cantan con pasión. El bloggero lo es de la Semana Santa. Así que ayer, además de recibir el cariño de mis hermanos de la Agonía y de departir un rato con ellos, experimentó esa sensación de fan total y conseguí hacerme una foto con un mito de mi agrupación, un sudarista recordado y añorado cuarenta y ocho años después de dejar el puesto en el que estuvo desde comienzos de los 40 hasta 1964. Y bien contento que estoy con mi foto.

Tapitas con cocacola, que no lo son menos que con cerveza, y ataque de prudencia total, porque mi cuerpo no estaba listo para yemas y me tuve que perder el cabildo, destinando la tarde a descansar que esta noche el unigénito va a poder al fin (se lo prometí hace dos años) ir a ver el Encuentro, y uno no está para mucha marcha, así que me he perdido también la procesión del Silencio y la salida de los Granaderos y Judíos. Qué se le va a hacer, el año que viene, si Dios quiere, podré con todo, pero ahora toca descansar antes de que suene el despertador a las cuatro (sí, a las cuatro de la mañana).

Lo que pasa es que apenas he dormido una hora y pico y ya tengo los ojos como platos. Debe ser que mi cerebro aún sabe que ésta es la hora en que debería ponerme mi túnica y mi medalla, coger mi vara y salir a la calle de morado. Así debería ser y así, espero que vuelva a serlo pronto, como lo ha sido desde 1968, cuando empecé a salir de nazareno, de 1974, cuando vestí de monaguillo, o de 1982, año desde el que salgo en los tercios de la Agrupación marraja de la Santa Agonía, el primero de los cuales ya debe, a estas horas de estar reunido en el Patronato.

Bueno, a ver si suena el despertador y me voy a la calle, que es donde debería estar.

Fotowiki: Claro que no siendo Dorothy ni Alicia, bien podría ser Gulliver o Ulises, a los que sus viajes se le hicieron largos. Aunque no iría vestido de rojo como el Ulises de la foto.

miércoles, 4 de abril de 2012

Bien excursionistas, ¡Arriba!


06:00. Sonny & Cher entonan su 'I Got You Babe'. Y en la radio, nos saludan con esas frases míticas para los aficionados al cine de mi generación:

"Bien excursionistas ¡Arriba! Despertad y no olvidéis los descansos porque hoy hace frío ¿Dónde creíais que estábais? ¿En Miami?"

Y el caso es que ni son las seis de la mañana (para levantarse a esas horas está uno) ni esto es Miami, ni tampoco Punxsutawney. Y hombre, hace algo de aire, pero tampoco frío. Es Cartagena y es Miércoles Santo.
Dicen los que menos gustan de disfrutar nuestra Semana Santa que por qué ver una procesión, cuando ya la han visto, que a fin de cuentas es la misma procesión del año pasado, y del anterior. Solemos contestar los procesionistas que nada de nada, que de hecho la procesión no es la misma si la ves en dos calles diferentes el mismo año, porque la alineación de los tercios puede cambiar, porque lo interesante es verlos desfilar, y aunque las imágenes y los tronos incorporen pocas novedades, todo cambia ante tus ojos. Estoy absolutamente seguro de que Heráclito y Platón estarían totalmente de acuerdo con esta máxima. No hay más que leer al sabio de Éfeso:

ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε
 
Pues eso ¿no? Yo creo que la frase lo deja bien claro.

Al bloggero eso le pasa especialmente el Martes Santo, un día que se abre a multitud de posibilidades, al salir a la vez tres procesiones, lo que te permite elegir a dónde vas, qué recorrido sigues, dónde ves pasar a unos o a otros. Ayer veía una vez más a Santiago bajar la Subida de las Monjas, pero lo hacía desde arriba y no, como hasta ahora, desde abajo. Y luego a San Juan lo veía en Campos. Y a San Pedro, en lugar de en Castellini, en las Puertas de Murcia.

Y aunque hay cosas que no cambian de un año a otro, como la perfección absoluta de San Juan o algunas cosas que mejor no comento del trono de San Pedro, lo cierto y verdad es que cada año lo ves de diferente manera. Y encuentras un nuevo detalle que te sorprende. O tienes la ocasión de comentarlo con una compañía diferente, que llama la atención sobre un aspecto concreto en el que no te habías fijado.

Tenemos la suerte  de contar con una Semana Santa espectacular. Con un montón de tercios que cada año se esfuerzan en poner en la calle una filosofía diferente, una tradición propia, una puesta en escena que nos sorprende en cada calle y nos permite disfrutar de cada procesión como si fuera la primera vez que la vemos en todo momento.

Al menos así lo veo yo. Eso sí, hay cosas que no cambian, así que como Luis sigue, 45 años después, sin aprender a comprar las sillas para ver la procesión del Miércoles, aunque no sean las seis de la mañana ni vivamos en Punxsutawney, me toca echarme a la calle a hacerlo yo, como si fuera el día de la marmota.

Fotowiki: A ver si siguen excavando en el espectacular barrio romano del Molinete, que seguro que encuentran alguna pintura de una señora romana sentada en una silla viendo las procesiones. Eso sí, en aquellos tiempos, seguro que la empresa de sillas las ponía bien.

martes, 3 de abril de 2012

Esto no es una canción de John Lennon


Imagina que hubieras nacido en otra ciudad. El Lunes Santo sería un día distinto y no comenzaría con la emoción de acercarse a Santa María, para visitar a la Piedad en su día grande. No discurriría en un continuo mirar al cielo, a ver si las nubes se marchaban. No acabaría con el momento mágico de ver a la Piedad en su trono, mecida por sus portapasos, recorriendo las calles de Cartagena acompañada de miles de promesas.

Imagina que no fueras marrajo. Que no tuvieras que vivir en la tarde de Lunes Santo -aunque este año en tercera persona- los nervios de encontrar a última hora unos guantes de nazareno, limpiar otra vara porque alguien más se apunta a procesionar. Ver dónde está una medalla, o dejar la tuya a quien no la encuentra. Porque esto de procesionar va en familia.

Imagina que este año te toca vivir el Lunes Santo lejos de tu tierra, y agradece que vivas en unos años en que la tecnología te permite seguir en directo las procesiones por internet, escuchar las marchas de los granaderos o la 'Plegaria'. El sonido del tambor y el paso firme de la escolta de la Piedad. Los aplausos del público y hasta a aquel niño que pide un caramelo a un nazareno. Porque cantar la Salve a la Piedad no requiere oir cómo lo hacen los otros, suena en tu interior exactamente igual.

Imagina que no estás en plenitud de fuerzas, y aun así la Piedad te ayuda a que no se note mucho, y que puedas cumplir con el compromiso de contar cómo recorre las calles de Cartagena, como los marrajos vuelven, un año más, a salir a la calle y a recorrerla como llevan haciendo siglos, que para eso es la cofradía más antigua de una ciudad orgullosa de su historia.

Imagina que luego vuelves, sin saber muy bien porqué, a recorrer las calles sin un rumbo fijo, sin una idea marcada de donde ir, y acabas en la misma plaza en la que viviste de niño tus primeras semanas santas, y allí, bajo un monumento a la Inmaculada que ansías volver a ver restaurado en poco tiempo, te encuentras con la cercanía del raso y el terciopelo, con multitud de amigos que tienen la suerte de poder vestirlo este año. Con la cercanía del sonido del tambor y las bandas de música. Con el paso decidido de unos portapasos a los que saludas, porque no sólo son amigos, sino que en cierto modo al verlos te sientes representado en ellos y tú también llevas, aunque sea un poco, sobre tus hombros el peso de la Piedad.

Imagina que ha vuelto a ser Lunes Santo, y lo has vivido, a Dios gracias. Y si los mayas no lo impiden, dentro de un año, volverá a serlo.

Fotowiki: La Virgen de la Piedad en su trono, fotografiada por Camino Alcaraz, exiliada 2012. Un saludo, sis.

lunes, 2 de abril de 2012

El ruiseñor y la alondra


En el año de Nuestro Señor de 1597, reinando en Albión la virginal Isabel I, escribía el bueno de Don Guillermo una tragedia que llamó 'Romeo y Julieta'. El drama de dos bandos enfrentados que dió al traste con el amor de dos jovencísimos descendientes de Montesco y Capuleto. Un interesante compendio de situaciones con desdichado final. Y un buen libro para saber que no es lo mismo la noche y el día.
Porque de noche, Romeo y Julieta son "libres". Libres de vigilancia, del trasiego de los habitantes de Verona. Son libres para encontrarse y consumar su amor, para sus escarceos y su matrimonio. Para ser ellos mismos. Y de día cada cual ha de volver a la rutina de los suyos. A sus ocupaciones, a sus familias, a la distancia.

Romeo y Julieta podrían dar amplias lecciones de cómo el día es día y la noche es noche. Como en aquellos preciosos versos del Acto Tercero:

Julieta: ¿Tan rápido te marchas? Todavía falta mucho para que amanezca. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que se escucha. Todas las noches se posa a cantar en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.
Romeo: Es la alondra que advierte que ya va a amanecer; no es el ruiseñor. Observa, amada mía, cómo se van tiñendo las nubes de levante con los colores del alba. Ya se extinguen las teas de la noche. Ya se adelanta el día con veloz paso sobre las mojadas cumbres de los montes. Tengo que marcharme, de otra manera aquí me aguarda la muerte.
Julieta: No es ésa la luz del alba. Te lo puedo aseverar. Es un meteoro que de su lumbre ha despojado el Sol para guiarte por el camino a Mantua. No te vayas. ¿Por qué partes tan rápido?

Bueno. Pues vale ¿Hemos aprendido ya que el día y la noche no son iguales? Pues volvamos al Domingo de Ramos entonces.

Porque el Domingo de Ramos, para el bloggero y para muchos es día. Es espléndida tarde luminosa y soleada, plagada de niños que visten sus túnicas de hebreos, su traje de nazareno. Niños con rostro entre tenso e ilusionado. En los que se ve la responsabilidad de salir con el sudario, de llevar el paso, de recordar que el redoble es con el izquierdo. Pero que son niños, capaces de esbozar una tímida sonrisa, o de arquear las cejas ante la alegría de encontrarse con familiares o amigos durante la procesión.

Es tarde soleada al paso de los judíos, y de los personajes bíblicos. Y de la Samaritana y la Burrica. De escuchar marchas de procesión ligadas desde hace décadas al sonido de un Domingo de Ramos. 

Es día, y habría de sonar el canto de la alondra.

Pero algunos se han empeñado en hacerlo diferente. Y hacer el Domingo de Ramos noche, como la de las procesiones de otros días. De capuz y tercios de adultos. Y eso no es Domingo de Ramos.

Porque ¿hay algo más triste que un hebreo en una Cartagena de noche?

Fotowiki: Portada de la segunda edición de Romeo y Julieta, en 1599. Incomprensiblemente, ningún colectivo ha protestado ante el hecho de que el nombre del varón aparezca un montón de veces más grande que el de la hembra.

domingo, 1 de abril de 2012

De la devoción y de otras cosas


Comentaba el otro día con un amigo que la gente sale en las procesiones por motivos de lo más diversos. Los hay que mantienen viva una tradición familiar, una costumbre heredada de sus mayores, sin saber muy bien el porqué o el significado de nada, pero tan orgullosos de transmitir a sus hijos lo que recibieron de sus padres como antes lo estuvieron aquellos. Los hay también que en un arrebato de "nacionalismo local" se esfuerzan en que permanezca viva una tradición ancestral, una costumbre cultural, una referencia por la que su localidad es conocida. Los hay también que salen en procesión por un afán de protagonismo, porque les gusta que se les vea, y pasean su peculiar esfuerzo (suelen ser los que menos lo ejercitan, aunque lo fingen de maravilla) por las calles. Y los hay también que salen por devoción, sabedores de que el sentido de la Semana Santa es, de un lado, la penitencia, y de otro el mostrar a quienes presencian la procesión la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

En realidad, no son motivos estancos, ni obedecen a una separación tal que cada participante en una procesión deba decantarse necesariamente por uno de ellos. Son perfectamente compatibles, y sólo cada uno sabe realmente qué le lleva cada año a participar en una o varias procesiones. 

El caso es que el Sábado de Pasión es, probablemente, el día en que la devoción se deja ver con más intensidad en las calles de la Tri. Ausente la espectacularidad de la procesión, sin música, sin lucir trajes de raso o terciopelo bordados y primorosamente planchados (casi siempre, ciertamente), quienes acompañan a las imágenes en los Traslados lo suelen hacer por devoción. Incluso es posible ver en algunos de ellos a gentes que ya no salen en procesión, que ya no viven con la misma intensidad de antaño su participación en la vida de sus agrupaciones, pero que no quieren dejar de acompañar a su Titular en un acto que suele ser más íntimo y recogido.

Vale que hay traslados y traslados. Que unos tienen más sentido que otros y que puede que mi opinión esté marcada por mi sentir personal, en compañía de mis hermanos agónicos, pero uno siempre tiene la esperanza de que incluso los que han sido llamados al lado oscuro de la Fuerza procesional (vulgo californios) vivan también la misma devoción que los marrajos.

Bromas al margen, lo cierto es que uno se siente a gusto con los suyos en el Sábado de Pasión, ese día sin procesiones pero con un frenético trasiego por las calles.

El bloggero lo comenzó este año trasladándose a la Tri (por cierto que como contaba un amigo en twitter el otro día, también fue marraja la primera bandera que divisé en un balcón cartagenero a mi llegada). Y aunque a diferencia de otros años no estuve en los primeros traslados que salieron, sí pude vivir un año más, con total intensidad y devoción el del Cristo de la Agonía. Pude incluso llevar las andas unos pocos metros, para luego marchar tras Él. Y pude luego compartir con mis hermanos una agradable cena y recibir su cariño y quedarme sin palabras cuando me entregaron el escudo de oro de mi agrupación que ya luzco orgulloso en mi solapa, más o menos en el mismo sitio en que, más adentro, ha estado siempre grabado, aunque no reluciera tanto como el que hoy se ve.

Muchas gracias agónicos.

Y poco más me queda hoy por contar en este Diario. (Un día voy a comenzar la entrada bloggera con lo de "querido diario", como Dios manda). Que hoy es Domingo de Ramos, y que toca ver la macroprocesión california. Pero eso lo contaré mañana.

Sed buenos.

Foto: Traslado del Cristo de la Agonía 2012. (Foto Diana Domínguez)

sábado, 31 de marzo de 2012

Entrando en pista para despegue (Sábado de Pasión)


Facturas el equipaje, pasa el control de seguridad, entregas tu tarjeta de embarque y entras en el avión. Y en ocasiones, ha de pasar un buen rato desde que te sientas en tu sitio y te ajustas el cinturón de seguridad y se produce el despegue, precedido por esa frase del comandante que da título a esta entrada. Y así es más o menos como se siente el bloggero ahora, una vez que ha preparado el equipaje y está a punto de volver a la Tri. Lo que pasa es que cuando el comandante de un avión se dispone a dejar la pista de un aeropuerto, eso supone dejar atrás el manto de nubes que, como hoy, es lo primero que ves una mañana de la semana de Pasión. Y me da a mí que cuando "salte" el Puerto de la Cadena las nubes no se van a quedar atrás. Es lo que hay.

El caso es que, como digo, hoy retomaré el ritmo normal de una Semana Santa que se hace de rogar. Ayer, tras asistir a la procesión que organiza el Colegio de los Maristas de La Fuensanta con el Cristo del Amor, que cada vez es más procesión-procesión, tras escuchar el pregón de Rosario del Carmen García Romero a través de COPE Cartagena en internet y las simpáticas palabras de la Nazarena Mayor 2012 (me cayó bien esta mujer, francamente), uno andaba como perdido, en una ciudad que tenía sus tiendas abiertas, que recorría el tráfico normal de un día cotidiano.

Menos mal que por la tarde la cosa empezó a cambiar, aunque el día siguió siendo azul, el color de las túnicas de los críos de los Maristas. Tras ver en 7RM imágenes de la Serenata lorquina (y azul) el bloggero se echó a la calle a ver la procesión (azul) del Amparo. Precedida por un asiático en la plaza de Romea (conquistado el centro neurálgico de North Cartagena), la tarde discurrió hacia el lugar en que por primera vez vi un trono en Murcia, y que curiosamente se ha convertido en el escenario que prefiero para ver las procesiones de este lado: cuando Jara Carrillo se adentra en la Glorieta de España. Y allí, acompañado del unigénito, estuve presenciando el cortejo penitencial de los del Amparo.

Podría decirse que ahí acababa el día, pero claro, uno es como es, y llegó a casa a tiempo de ver a través de la web del Ayuntamiento la retransmisión de la procesión california del Cristo de la Misericordia y la Virgen del Rosario. Y luego en Popular TV la retransmisión (ahora con imágenes) del Pregón. Es lo que hay. Sin remedio.

En fin, que hoy anticipo mi entrada y la hago más "diario" que nunca, por aquello de salir con tiempo hacia la Tri, deshacer el equipaje y prepararme para el Traslado esta noche del Cristo de la Agonía.

Mañana más.

Fotowiki: El trono del Cristo del Amor, llevado a hombros por alumnos de 1º de la ESO del Colegio de los HH.Maristas de Murcia.