martes, 30 de diciembre de 2008

Del año viejo, del año nuevo y de los buenos deseos

Se acaba 2008 y, aunque tengo unos cuantos temas pendientes de comentar con vosotros, creo que procede antes que nada, y a la espera de recuperar la normalidad bloggera, hacer un alto en el camino y desearos a todos un feliz 2010 (de 2009 mejor ni hablamos... lo damos por perdido directamente).

Bromas al margen, quiero aprovechar para desearos a todos un nuevo año en que todo aquello que pedís, se haga realidad. Que cometáis todos los excesos que os apetezca para celebrar la Nochevieja (que cada uno es libre de hacer de su capa un sayo si no hace el cafre en la carretera). Yo no ando para muchos excesos, ni gastronómicos, ni etílicos, aunque algo haremos. Por supuesto que caerá la habitual botella de la señora viuda esa francesa de a 30 roscos, aunque sea para brindar porque el año que viene siga pudiendo sonreir cuando llegue el 31 de diciembre.

Un fuerte abrazo a todos, ya en enero volveremos a la carga (que tiemble la SGAE con el artículo que tengo preparado).



FELIZ AÑO NUEVO



Os dejo con Gloria Estefan. Su tema 'Nuevo Día', correspondiente al disco 'Abriendo Puertas', de 1995:



Va cayendo ya la noche el año viejo se va
y se lleva los amores que ya nunca volverán
y se perdonan toditos los errores y se quiere de verdad.

Y que la vida nos vaya mejor
que el año nuevo me traiga tu amor.
Y que la vida nos vaya mejor
que el año nuevo me traiga tu amor.
Y vamos todos juntos a brindar con alegría
Ay, por el año viejo que se va y el nuevo día.

Ya se cruzan los abrazos, brota el llanto de emoción
todos juntos como hermanos en un sólo corazón
Y la mirada se llena de recuerdos que la vida nos dejó.

Y que la vida nos vaya mejor
que el año nuevo me traiga tu amor.
Y que la vida nos vaya mejor
que el año nuevo me traiga tu amor.
Y vamos todos juntos a brindar con alegría
Ay, por el año viejo que se va y el nuevo día.

Que el año viejo está que se va que el año nuevo ya va a llegar
Ay, que el año viejo está que se va que el año nuevo ya va a llegar.

Llegan nuevas ilusiones, hay otra oportunidad.
Y se elevan oraciones por el año que vendrá.
Y ya repican al viento las campanas saludando sin cesar.

Y que la vida nos vaya mejor
que el año nuevo me traiga tu amor.
Y que la vida nos vaya mejor
que el año nuevo me traiga tu amor.
Y vamos todos juntos a brindar con alegría
Ay, por el año viejo que se va y el nuevo día.

Que el año viejo está que se va que el año nuevo ya va a llegar
Ay, que el año viejo está que se va que el año nuevo ya va a llegar.

Un sentimiento que nos hermana que se va ya viene
brotando del corazón va a llegar
Siguen los recuerdos que se va, vienen los abrazos,
que el año nuevo llegó va a llegar
Y vamos todos juntos a brindar con alegría
Ay, por el año viejo que se va y el nuevo día.

viernes, 26 de diciembre de 2008

De las inocentadas televisivas y su versión extendida

Hace ya unos cuantos años, creo que en 1995, los canales autonómicos comenzaron a programar por estas fechas una gala, "Inocente, Inocente", en la que se gastaban inocentadas a determinados personajes famosos. Inocentadas muy elaboradas en las que, pese a lo disparatado de los planteamientos, los engañados caían y se tragaban cualquier bola, por increible que fuera. Eran los tiempos de Ivonne Reyes creyéndose teletransportada a Alemania, de la cabra en la terraza de Rafi Camino, de la mili repetida de Chechu Biriukov o del espectacular noviazgo entre Maribel Verdú y el Príncipe de Gales.

Una Gala de la que nació una Fundación y que, tras las autonómicas programaron otros canales como Telecinco y que, este 2008 emite Antena 3.

Confieso que, pese a las buenas y altruistas intenciones que albergan sus impulsores, hace muchos años que no veo este tipo de programas, entre otras cosas porque mi capacidad de soportar la mala educación televisiva se ha reducido tanto que esta gala ha quedado al otro lado del listón, probablemente de forma inmerecida.

Y es que no sé si os habéis fijado -seguro que sí-, pero desde hace unos cuantos años se ha puesto de moda un tipo de personajes televisivos que creen que todo vale con tal de ganar audiencia y que, en consonancia con la sociedad que crece en nuestros institutos, la palabra respeto es un fósil del Cuaternario.

Primero fueron los chicos del Caiga quien Caiga. En su primera experiencia en Telecinco tuvieron una mínima gracia y cualquier famoso que se precie procuraba caerles bien. Con todo lo que hicieron fue mucho más grave de lo que se pensaba. Hasta ese momento parece que había una frontera entre los personajes del corazón, los freaks a los que no les importaba hacer el ridículo con tal de ser conocidos y salir en la tele, con esas otras personas que salían -por resumirlo de alguna manera- en los telediarios. A los primeros se les podía preguntar lo que fuera y en cualquier momento, pero a los segundos, se procuraba tener un cierto decoro. Hasta que llegaron ellos.

Luego vinieron los múltiples imitadores, como no podía ser de otra manera, y lógicamente, el virus evolucionado tuvo mucho menos sentido y resultó más agresivo. Hoy parece que es normal que un líder político o económico tenga que soportar preguntas idiotas, encontrarse a reporteros con micrófonos hinchables o aparecer en el mismo contenedor que un concursante de Gran Hermano. Y no, lo siento, pero no me parece correcto.

Creo que la televisión puede informar, divertir, tener fines divulgativos o comerciales, pero debe mantener un cierto criterio, un mínimo respeto, una ética hoy olvidada. No puede ser que cada vez que un actor extanjero ofrece una rueda de prensa para presentar una película, le hagan preguntas sobre si se quiere casar con la reportera o le regalen cualquier idiotez. Imagino que debe acabar pensando que en España tenemos un cociente intelectual parecido al de la almeja común. Claro que después de lo del Chiquilicuatre,... en fin.

Y ahora, ya metidos a inventar un mundo absurdo y esperpéntico, a alguien le ha parecido divertido inventar noticias y colarlas en los telediarios como si fueran ciertas. Algo hicieron los de la Sexta hace unos meses con una manifestación y una web inventadas -mi cerebro ha olvidado, afortunadamente, el motivo- y ahora con un nuevo imbécil, apodado el Follonero, del que no tengo el justo de saber ni el jerol que tiene, pero que parece que se dedica a provocar por provocar.

Tras sus numeritos de tintes políticos, de los que tuve conocimiento periódico mediante, ahora parece que el otro día se inventó una noticia: contrató a una actriz para que afirmara que le había tocado el Gordo de la lotería y que había lavado el décimo. Una de esas historias que cuelan fácilmente en las radios y la prensa post-lotería navideña y que resultó ser falsa. ¿Y qué ganó el imbécil en cuestión con ello? Nada, absolutamente nada. Sólo volver a demostrar que la ética no es algo que case muy bien con la línea editorial de ciertas televisiones.

En fin, que ya no sé si es por esto o por las comidas de ayer y anteayer que tengo el estómago revuelto... y aún no ha llegado el 28 de diciembre.

Fotowiki: La mayor degradación del medio televisivo actual la representa, en mi opinión Buenafuente y su equipo.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Donde se desea a todos una Feliz Navidad

Podría escribir acerca de muchas cosas en este mensaje. Sobre la Navidad, su origen, las formas de celebrarla. Sobre Papá Noel y los Reyes Magos. Sobre los que celebran la Navidad y sobre los que se inventan cualquier cosa (ridícula) para ignorar el sentido de estas fechas. Sobre las comidas familiares, los regalos, el frío y hasta sobre la Misa de Gallo.

Pero no. Este mensaje sólo va destinado a desearos a todos los que tenéis la gentileza de entrar por aquí una muy Feliz Navidad. De corazón. Un fuerte abrazo a todos.

lunes, 22 de diciembre de 2008

De las cosas que le pasan al bloggero cuando va de compras

Hablaba -escribía- el viernes sobre las compras por internet. Sin embargo, uno, que es un clásico, es de los que los sábados por la mañana se lanza a la calle empuñando un carrito de los de la antigua usanza con una mano, la lista en la otra y comienza su recorrido por el microbarrio en el que habita. Y es que vivo poco menos que en Barrio Sésamo: a pocos metros de mi casa hay una panadería, una frutería, una pescadería y una carnicería. Y a fe que me las recorro.

En realidad, el camino es algo más largo, pues lo inicio en un supermercado de esos que hay por todos lados, atravesando el Floridablanca's Garden, y allí caen las cosas de limpieza, algún congelado, la leche y esas cosas. Y doy fe que lo del carrito, por mucho que digan que me da aspecto de maruja o de jubilado, es sumamente útil cuando uno tiene que cargar con tres cajas de leche (es lo que tiene el mundo éste, que el papá toma leche desnatada, la mamá semidesnatada y el pequeño entera: vamos, que parecemos los tres ositos).

Antes era más de ese supermercado valenciano (me niego a poner el nombre para evitarles la publicidad gratuita, que no se la merecen), pero su apuesta casi única por la marca blanca, me enemistó con ellos. Incluso les mandé un correo electrónico protestando. Porque está muy bien que tengan esos productos, muchos de los cuales incluso consumo, pero no que reduzcan la variedad, de forma que o lo suyo o lo suyo. Pues va a ser que no. Aunque lo que más me tocó las narices fue el hecho de que te cobraran por mandarte la compra a casa. Vale que te cobren algo si compras cuatro cosas, pero vamos, si te gastas 200 eurillos, te toca un poco las narices que no te manden la compra gratis. En fin...

En cualquier caso, a lo que yo iba es a lo divertido que resulta meterse en ese ecosistema tan especial que es la cola de una frutería. Allí hay una especie, la jubilada, que se mueve como pez en el agua: se le nota la experiencia. Lo de menos es que se cuelen, que eso uno lo da ya por descontado. En cuanto ven a un ejemplar macho de su especie, como que les entra una competitividad mayor y se vengan de todo el machismo histórico de la sociedad. No es que te lleves un codazo en las costillas -no es su estilo-, sino que se buscan cualquier artimaña. La última que he descubierto es la de coger cuatro cosas -yo creo que al tun tun- y dárselas al frutero. Entonces, mientras éste no puede cobrar a otros -tiene la cuenta iniciada-, es cuando hacen la compra tranquilamente.

Claro que, a veces, sólo a veces, puedes contraatacar. Eso lo hice el sábado, cuando inicié un debate malvado. No se me ocurrió otra cosa que defender las virtudes de las berenjenas listadas frente a las lisas. Rápidamente surgieron dos bandos que se enzarzaron en expresar las virtudes de unas y denostar las de las otras, momento que aproveché para escabullirme de esa pléyade de expertas compradoras de frutería.

Aunque desgraciadamente no siempre fue así. Y no os cuento cuando era un comprador inexperto, y tenía que preguntar qué eran puerros o qué naranjas eran mejores para zumo. Entonces se alternaban las risas con el tonito condescendiente de la abuela que te lo explicaba mirándote con esos ojos y esa sonrisa socarrona que te llamaba tonto pese a la amabilidad de su respuesta.

En fin, que esto de las compras los sábados por la mañana precisa de un máster en el que, da igual la nota que saques: siempre te superarán las abuelas.

PD: Y no cuento nada de la pescadería, donde se reprodujo el mítico debate entre el número y la vez.

Fotowiki: Mi frutería no es tan grande como las del mercado barcelonés de la Boquería, pero nos defendemos.

viernes, 19 de diciembre de 2008

De lo que te cobran por comprar por internet

Mucho, pero mucho, podría hablarse de este tema. Enfocarlo desde las más diversas perspectivas. Y aunque el cuerpo me pide hablar del negocio que se ha montado la SGAE, atribuyéndose sus competencias y las de todos los demás (un poco aquello de por mí y por todos mis compañeros, que decíamos de críos), no es de eso de lo que voy a escribir hoy, aunque prometo que lo haré un día de éstos.

La reflexión que quiero compartir con los amables lectores de este blog es acerca de los recargos que te cobran en determinadas gestiones a través de internet.

Durante mucho tiempo asistimos a un bombardeo en los medios de comunicación acerca de lo que era casi una necesidad de comprar a través del ordenador. Parecía que si no te sumabas a esa nueva corriente poco menos que te aparecía tatuada en la frente la fecha de caducidad... pasada. O sea, que te habías quedado antiguo. Había que comprar lo que fuera, desde la compra del Mercadona o del Corte Inglés hasta las entradas del cine, los viajes, los libros o los regalos para la contraria. Todo por internet. Que si claves del banco (algunas absolutamente inteligibles si no eras Licenciado en Informática -y con buena nota-), que si las páginas seguras, que si garantías de no sé quien... Eso, que tocaba comprar por internet.

Y yo confieso que pasé a comprar algunas que otras cosas ordenador mediante. Me incorporé a la nómina de los cibercompradores. Billetes de avión, hoteles, entradas de cine, la compra del Corte Inglés en alguna ocasión, libros, etc. Y ahí fue donde me encontré con una inesperada sorpresa.

Si uno compra por internet debe dar por sentado que le cobren los gastos de envío. Vale. Perfecto. No tendría ningún sentido que no me cobraran por mandarme a casa algo desde Madrid... ¿o sí? Porque imagino que en el precio de un libro en una librería de Murcia va incluida una parte del envío, con lo que de entrada deberían ofrecerlo más barato "de fábrica" que en el comercio final, pero no, no es esa una preocupación ni el objeto de mi crítica. Por cinco céntimos no me peleo.

Sin embargo hay una cosa que me indigna, hasta el punto de que más de una vez he estado a punto de reclamar en consumo: el recargo en las entradas de cine. Si tú vas a taquilla, haces una cola monumental y al final consigues tus entradas, pagas un precio. Si las compras por internet antes, pagas más. El mundo al revés. En los conciertos pasa lo contrario. Si compras anticipado tienes un precio más bajo que si vas a taquilla.

¿Por qué? Porque de esa forma el empresario sabe de antemano cuánta gente aproximada va a ir a un evento. Sabe -en el caso de un cine- si una película tiene más interés que otra (hoy todo son multisalas). Si tiene que proyectar ésta en la sala más grande o aquella en la más pequeña (recuerdo cuando en el desaparecido Alfonso XIII de Cartagena de pronto avisaban antes de empezar la película que cambiabas de sala -se había quedado pequeña- y te ibas a la grande). Le ahorra problemas, colas y espera a sus clientes, que de esta forma están más cómodos y pueden -por ejemplo- pasar más tiempo comprando palomitas. En fin, que parece del todo lógico y sensato que un empresario deba preferir vender las entradas anticipadamente.

Por eso me parece una barbaridad que te cobren un recargo por comprar las entradas por internet. Lo lógico sería lo contrario. Y si hay una empresa intermedia que hace la gestión, el coste debería asumirlo el vendedor, no el comprador. Con todo, lo que es un timo, con todas las letras; lo que es denunciable y clama al Cielo es que te cobren el recargo por cada entrada. Porque si una empresa se lleva su parte, lo lógico sería que te cobraran unos gastos de gestión por cada operación, no por cada entrada. O sea, que el recargo de 0,90 euros te lo cobraran una sola vez, no tantas como butacas reserves (los estafadores éstos lo llaman "Gastos por servicio de butaca" en un caso, "Gastos de gestión" en otro). Lo dicho, un timo.

Lo que pasa es que claro, uno no puede atreverse a llevar al niño al cine, tener que hacer una cola de narices y luego que no queden entradas, porque entonces a ver quién se lo explica y cómo aguantas el enfado del crío. Lo saben y se aprovechan. Pero a mí, al menos, me queda el derecho al pataleo.

(Y no hablo del precio de las entradas).

Fotowiki: Obvio. Una sala de cine. Y luego hablan de los piratas de Somalia...

jueves, 18 de diciembre de 2008

Das Neujahrskonzert der Wiener Philharmoniker

No. No hablo alemán, pero como sé buscar en internet, me doy el pegote de poder titular con el nombre autóctono del Concierto que la Filarmónica de Viena ofrece el 1 de enero, el archiconocido Concierto de Año Nuevo.

Uno, que además de ser ciertamente un modesto aficionado a la música, es un clásico (conservador dirían otros) no puede concebir una mañana de año nuevo sin ese solecito que no calienta apenas, las mínimas consecuencias del ligero trasnoche, los saltos de esquí y el concierto vienés. Es como el día de Navidad con el Papa bendiciendo urbi et orbi en el balcón: un clásico indispensable. Sin embargo, claro está, mi vocación primuanual por los valses de Strauss, se limita, de momento, a la contemplación televisiva.

Claro está que uno debería ser un poco más ambicioso. Quién sabe, lo mismo este año es el bueno. Y aunque parezca lo contrario, no es complicado comprar un par de entradas para el concierto. En la práctica basta con inscribirte inmediatamente que termine un concierto (abren una inscripción en la web durante unos días de enero), y me imagino que luego habrá que encomendarse a algún santo facedor de milagros, claro, porque supongo que las inscripciones superarán en mucho las localidades disponibles.

Así que si me libro de la pesadilla inmobiliaria que pende sobre mí cual Damocles en la North Cartagena del XXI, a lo mejor me lío la manta a la cabeza y para 2009 pasamos la nochevieja en Viena (una de las ciudades que aún tengo pendientes) y, con un esfuerzo suplementario (aunque no imposible) de unos 700 euros per cápita, nos plantamos en el Musikverein el 1 de enero de 2010.

Lo que uno no puede saber es quién va a dirigir a la Filarmónica para esas fechas, dado que cada año cambia. El año pasado no estuvo mal el francés Georges Prêtre. Este año debuta al frente Daniel Baremboim, que a juzgar por lo que apunta su biografía, debe tener, por lo menos, pasaporte de las Naciones Unidas (nació en Argentina, en una familia judía de origen ruso, está nacionalizado israelí y español, trabaja en Estados Unidos y aceptó la ciudadanía palestina honoraria).

Me apetece mucho ver qué tal lo hace, y no por el hecho de ser el primer español -al menos de conacionalidad- que dirige la Filarmónica, sino porque es un tipo bastante interesante. Alguien capaz de dirigir una obra de Wagner en Israel (lo hizo en 2001), puede sorprendernos con cualquier cosa. En su concierto de Año Nuevo en Buenos Aires en 2006 el repertorio fueron tangos, y no me extrañaría que incluyera alguno este año (con lo que se ganaría mi admiración absoluta) entre vals, polka y vals. Incluso es capaz de atreverse -creo que lo hará- a introducir algún aria de un austríaco aún más famoso que los Strauss: Wolfgang Amadeus Mozart (ya lo hizo Mariss Janson en 2006).

Así que ya lo sabéis. Si algún año no me encontráis por aquí el uno de enero, poned la tele a eso de mediodía y mirad bien entre las butacas del salón de conciertos vienés en el que, desde 1939, los valses de Strauss le dan la bienvenida al año nuevo.

Y ahora, por supuesto, termino como he de hacerlo.

Señoras, Señores, la Marcha Radetzky, de Johann Strauss (padre) en 1848. Concierto de 2008. Dirige (la orquesta y a ustedes) Georges Prêtre. Dispongan sus manos:

http://www.youtube.com/watch?v=YlSDiQjNtuA&eurl=http://venti-blog.blogspot.com/&feature=player_embedded

NOTA: El mensaje original contenía una vista del video, pero desgraciadamente, eso produce el descuadre absoluto del blog en los usuarios que utilizan Firefox. Lo elimino. Es una pena

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El mar a través de una ventana



Se acercó con decisión, con pasos firmes y sonoros sobre el frío suelo de mármol. Abrió con esfuerzo aquella enorme ventana de madera, cuyos cristales se hallaban teñidos de mugre, dejando entrar una intensa bocanada de aire salino, que inundó sus pulmones. El olor a mar, ese olor húmedo y cálido le devolvió mil y un recuerdos, mil sensaciones de una niñez que se alejaba groseramente en el calendario.

Hinchó las aletas de su nariz, tratando así que la sensación le llegara si cabe más dentro, acaparando egoistamente para sí aquellas múltiples dosis de olores entremezclados. El de los grandes peces que culebreaban alegremente entre las turbias aguas del puerto. El de la madera mojada y cubierta de algas de los viejos embarcaderos. El de la herrumbre que se desmigajaba sobre los grandes cabos aferrados a los norays. El olor de las redes y las embarcaciones de los pescadores. Pero sobre todos ellos el mismo olor al mar, que recordaba de niño y cuya ausencia le causaba un invisible dolor, imperceptible mientras crecía en su interior hasta que se acumulaba y se desplomaba sobre él, infiriéndole una herida en el alma que sólo podría curar contemplándolo de nuevo. Volviendo a mirar, a sentir, a oler el mar.

Y ahora estaba allí. Ante una ventana abierta. Con el rostro azotado por la brisa. Con una estúpida sonrisa dibujada en la cara mientras contemplaba el lento e interminable movimiento de aquel imperceptible oleaje. Escuchando absorto los graznidos de las gaviotas que se deslizaban suavemente por un intenso azul teñido de nubes. El quedo mecer de los barcos

Nada podía compararse a aquel momento. Nada podía superarlo. El mar había obrado otra vez el milagro de hacerse presente cuando se le necesitaba. Sólo había que desearlo. Sólo había que acercarse a aquella ventana que se abría hacia dentro. Buscarlo en el alma en que se atesoraban en toda su viveza aquellos recuerdos, olores y sonidos; aquellas insuperables vistas del mar.

martes, 16 de diciembre de 2008

De las sucesivas generaciones dedicadas a la res pública

Creo que la primera vez que tuve conciencia del extraordinario sentido genealógico, casi monárquico, de los yankees fue cuando leí 'Love Story', de Erich Segal (1970), cuyo protagonista principal era Oliver Barrett IV. Me pareció curiosa esa costumbre de añadir al nombre y el apellido el ordinal en números romanos, como los reyes o los papas. Y me da a mí que, en el fondo, los cabezas de familia o empresa norteamericanos no son más que una muestra de la misma esencia social de su país, donde tan fuerte es el peso de la familia: los monarcas de su propio reino.

Dedicarse al negocio familiar no es algo exclusivo de los habitantes de las colonias escindidas (y los Estados del Oeste), no. De ello podremos encontrar muestras en cualquier latitud y longitud. Sin embargo, quizá por la televisión, resulta especialmente chocante el caso norteamericano, sobre todo si nos fijamos en un aspecto que allí está muy medido: la participación en política.

Ya sabemos que allí no hay monarquía (que obviamente no la hay), un sistema que es el mejor ejemplo de tener asegurado desde la cuna acabar llevando un ordinal detrás del nombre y dedicarse al negocio familiar, pero resulta curioso como en Estados Unidos parece mucho más normal que aquí el encontrar varias generaciones de políticos de la misma familia.

El ejemplo más conocido de todos es el de los Kennedy. Menos la matriarca, Rose, yo creo que todos los que han venido después han coqueteado con los cargos públicos. Un Presidente: John Fitgerald. Su hermano Robert, Fiscal General y Senador, y también candidato a la Presidencia -su asesinato impidió que se consumara su elección- como Edward, hermano de los anteriores y perenne Senador. Ayer la prensa nos sorprendía con la noticia de que la hija de JFK, Caroline, es la principal candidata a ocupar en unas semanas el escaño que Hillary Clinton dejará vacante por Nueva York en el Senado. Otra Kennedy más. Si éstos, que son lo más parecido -dicen- a una familia real en EE.UU., se colocaran números romanos tras el apellido irlandés había que agregar nuevas letras para llegar tan lejos en la cuenta.

Y es que eso pasa bastante en Estados Unidos (sin ir más lejos todos sabemos que el todavía Presidente es hijo de otro Presidente reciente) más que en otros lados. Aquí, en España, tenemos a un hijo de Suárez que intentó ser Presidente de Castilla La Mancha, a uno de Calvo Sotelo que fue Secretario de Estado o a algunos ejemplos de padres e hijos ministros ambos (Pío Cabanillas, por ejemplo). Pero muchos menos y, además aquí la cosa tiene mucho menos glamour. Que no es lo mismo una Carter que una Fraga.

Aquí lo que se estila, por el contrario, es que la parienta se dedique a ello. En eso le ganamos por la mano incluso a los Clinton. La ex de Felipe González, Carmen Romero, fue la primera en dar el paso y fue Diputada por Cádiz -si no recuerdo mal-. Luego vino Ana Botella, ejerciente concejal madrileña. Y de momento a Sonsoles no le ha dado por ahí, porque como le de, que nadie dude que hará lo que quiera, porque esa señora tiene pinta de ser la que lleva los pantalones en su casa. Lo que no recuerdo es si fue Felipe o Aznar el que dijo aquello de que "para que me esté diciendo todo el día lo que tengo que hacer, que se presente y lo haga", creo que fue el de Bellavista.

Y lo curioso del caso es que, al menos hasta donde yo conozco, la política no es precisamente algo que case con las aspiraciones tradicionales de los españoles, donde las mamás siempre buscan algo estable y tranquilito, pero en fin, aficiones más raras tienen otros y también las heredan los hijos...

Pero volviendo a iuesei, lo raro es que en el Senado no esté presente George Washington XVII, Abraham Lincoln IX o, al menos, Dwight Eisenhower V. Pero raro, raro, raro. Donde también podrían ganarnos los americanos es en lo de las otras en política. Porque nadie negará el morbo que tendría la Lewinsky en el Senado.

Fotowiki: Franklin D. Roosevelt (32 Presidente USA) era primo en quinto grado de Theodore Roosevelt (26 Presidente).

lunes, 15 de diciembre de 2008

Donde el pesado del bloggero vuelve sobre el tema educativo (esta vez a cuenta del Erasmus)

Unos dicen que fue en 1466. Otros que en 1469. El caso es que a finales del siglo XV nacía Gerardo, hijo de Gerardo (Geert Geertsen) tal y como me chiva la tita Wiki. Un verdadero estudioso y prototipo de una auténtica cultura europea. Sería más conocido por el nombre que adoptó en latín: Desiderius Erasmus Rotterdamus. Erasmo de Rotterdam.

Y nada más lógico que darle su nombre al programa de intercambios entre estudiantes y profesores universitarios europeos que se inició en 1987. Erasmo había nacido en un Rotterdam (ahora se escribe Róterdam, según la RAE) que por aquel entonces no sé bajo qué bandera andaba, pues ya sabemos todos de las vueltas y revueltas de nacionalidad que tuvieron los chicos de Flandes por aquellos siglos. Ahora es Holanda. Eso sí, se lo curró el tío y sin interrail ni nada se pasó la vida viajando por Europa. Estudió en París. Amplió estudios en Oxford. Fue profesor en Cambridge. De ahí pasó a Venecia y luego a Suiza. Lo dicho, que no me extrañaría que llevara un pin con la bandera de las doce estrellas y fuera todo el día tarareando la novena de Beethoven (por supuesto tres siglos antes de que se compusiera, que para eso era un prodigio).

La verdad es que a mí siempre me pareció una idea excelente esto del Erasmus. Incluso estuve a punto de apuntarme en su primer año de vida, pero al final no me decidí. El hecho de ampliar mundo, de ver otras perspectivas enriquece siempre. Siempre he considerado la endogamia y el ombliguismo como un cáncer. Y si además con ello mejoras tu formación académica, mucho, muchísimo mejor.

Pero lo que me ha llevado a escribir sobre el Erasmus no es la añoranza de la juventud que empieza a escapárseme a borbotones, no. Lo que me ha motivado a escribir ha sido la lectura, este pasado domingo, de un artículo en el Magazine de La Opinión de un texto en el que se da a conocer algo bastante previsible: los universitarios europeos se pirran por venir a España, donde hay mejor clima, mucha juerga y poca exigencia académica. Con un par.

Era bastante obvio que no podemos exportar un sistema educativo de calidad, donde los francesitos y las suecas se pirren por ampliar conocimientos de nuestros doctos magister. Y eso que la Universidad le da -aún- unas cuantas vueltas de calidad a lo que la precede, pero claro, acostumbrados a trabajar con una materia prima de tan escasa formación, capacidad de esfuerzo y preparación,... como para ponerse exigentes. ¡Pero si se puede acabar una licenciatura teniendo más faltas de ortografía que pelos en la cabeza!

Así que claro, al final exportamos lo de siempre: la juerga, el buen clima y la poca exigencia. Sólo falta una peli de Alfredo Landa en Benidorm o Torremolinos y que nos las den todas.

Y lo que es peor, a quien debía no sólo no se le cae la cara de vergüenza, sino que siguen pensando que el fracaso escolar es que haya muchos alumnos suspensos. El fracaso escolar, a ver si se enteran, es que apruebe gente que no tiene ni la más mínima idea de lo que debía saber. Así nos va. Y lo que es peor, así nos irá.

Fotowiki: Erasmo de Rotterdam (Róterdam para los académicos). Por Hans Holbein el Joven. En días como hoy se le envidia el abrigo a Don Gerardo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Carta de un bloggero a SS.MM. los Reyes Magos de Oriente

Queridos Reyes Magos:

Puestos a hacer examen de conciencia, creo que en líneas generales en 2008 he sido mucho más bueno que en los años anteriores. Y no ya por la dieta o por pasar menos horas (reconozco que esto ha sido debido a las circunstancias) delante del ordenador, sino porque en general he sido mucho más bueno, vosotros ya sabéis.

En fin, que procedo a elaborar una relación de posibles regalos que, puestos a traerme, aseguro que tendrían una muy buena acogida.

Podría empezar con cosas generales, ya sabéis, la paz del mundo como si fuera una miss, pero no es el caso. Incluso podría relacionar cosas sumamente necesarias para mis planteamientos inmediatos (abandonar mi condición de perjudicado de forma flagrante por el pinchazo inmobiliario) e incluso a largo plazo (intuyo que una prejubilación con el cien por cien del sueldo a los 41 no está dentro de lo planteable), pero no, no, iré a lo típico, a lo material. Podría también pedir para otros, pero lo siento mucho, esto de las cartas de Reyes es así, cada uno que escriba la suya. Así que al grano.

No quiero ropa. Ninguna. En plena fase de adelgazamiento me parecería un desperdicio económico comprar cualquier cosa que espero que me venga grande en un par de meses. Y no es plan de parecer que a uno lo han encogido como a los hijos de Rick Moranis en la peli del 92. Y no me valen los complementos. Tengo bufandas, guantes y todo eso sobradamente para completar mis necesidades.

Sí se puede optar por los libros, que es una cosa segura conmigo. Y además soy facilón. No pediré nada complicado, así que en plan comercial es posible contentarme con algunos best sellers que aún no he leido, como 'Un Mundo sin Fin' de Ken Follett o 'Un día de cólera', del paisano Pérez Reverte. Como buen amante de las biografías políticas (impresionantes las de la Thatcher o las de Azaña por poner dos ejemplos distintos y distantes), quiero 'Franco, mi padre', de Jesús Palacios y Stanley G. Payne , pero lamentándolo mucho, no me interesa tanto ninguna de las escritas este año sobre la Reina. El último Premio Planeta, 'La Hermandad de la Buena Suerte', de Fernando Savater o incluso (éste con dudas) 'El Ejército Perdido' de Valerio Massimo Manfredi podrían caber en mis zapatos el día 6. ¡Ah!, aunque ya lo sabéis, os recuerdo que no soy de leer a César Vidal. Ya puestos, y dado que en la librería de anticuario donde lo compré por internet no me hicieron caso, sigo queriendo tener la 'Historia de las Calles de Cartagena', de Federico Casal.

Quiero un escáner, que no sea ni normalito ni de los caros. Una cosa intermedia como alguno que tiene Canon , por ejemplo el CanoScan LiDE 600F que está a un precio bastante razonable. Y ya puestos una cámara de fotos o una cámara de video. En ambos casos me tira la misma marca anterior, pero ya me he dado cuenta que una cámara como la Canon EOS 400D, además de ser más cara de lo que uno debe pedir en una carta de Reyes, es demasiada máquina para mí. Mejor una compacta que, eso sí, tenga más de 8 megapixeles y en ese caso creo que me conformaría con la de Sony. De las de video no tengo ni idea.

Y podría seguir, con el tema viajes y tal, o con mi famosa aspiración de una nueva túnica de nazareno, pero creo que tampoco hay que abusar de tres ancianitos tan simpáticos.

Gracias anticipadas y os prometo que dejaré leche, agua y dulces navideños junto a los zapatos, como todos los años.

Atentamente,

Yo

martes, 9 de diciembre de 2008

De los nuevos métodos de venta

Vaya por delante que uno es rendido admirador de la publicidad. El mismo concepto de hacerte atractivo un producto requiere unas altas dosis de ingenio, de arte, de poner bonito aquello que no tiene porqué serlo de natural. Hay anuncios espectaculares, y alguna vez hablaré de ellos, pero no hoy. Hoy quiero hablar de esas nuevas técnicas de publicidad que te agreden al invadir de forma absolutamente impertinente tu intimidad.

Imagino que algún resultado debe tener (en positivo) para las empresas que utilizan estos métodos, puesto que de lo contrario ya habrían renunciado a ello, pero no termino de entender que la gente no haga como yo: poner a las empresas que se ponen pesadas en la lista negra.

A estas alturas ya habréis deducido que me refiero, fundamentalmente, a las empresas que te llaman por teléfono a cualquir hora del día (sobre todo cuando más molestan) para ofrecerte sus productos. Obviamente no te llaman desde la empresa, sino que lo hacen a través de compañías especializadas, ubicadas generalmente en Sudamérica (por aquello del ahorro de costes). Yo ya no sé qué hacer. Si descolgar el teléfono, si darme de baja en la línea de casa (por cierto si alguien sabe cómo devolverle el teléfono a Telefónica para que deje de cobrarme el alquiler del aparato -que he debido pagar a precio de oro- tras haberme dado de baja, que lo diga,... No sé cómo librarme de ellos.

He probado de todo. Desde ponerme impertinente y echarle la bronca a la pobrecita que llama para que me ponga una equis junto al nombre y no me llamen más a tratar de convencerla. Nada de nada. Me falta tratar de ligar con ella por teléfono, a ver si me toman por un sátiro y no me llaman. Nada de nada.

Este verano el Gobierno de España (el de la cúpula de Barceló) anunció que iba a tomar medidas para que nos libráramos de estos pesados, aunque hasta el momento no ha hecho nada. Tras las clarísimas intenciones del Ministerio de Sanidad y Consumo parece que ahora se remiten a un cierto vacío legal, algo que es curioso teniendo, como tienen, la competencia para proponer las normas que llenen ese vacío.

Dijeron que sólo podrían recibir este tipo de llamadas aquellos que voluntariamente se apuntaran en una lista, pero de momento este spam telefónico sigue acosándonos. Basta con que un día te puedas permitir dormir la siesta (algo excepcional en los tiempos que corren) y entonces ¡zas! te llaman de Orange, o de Jazztel, o de Ya.com, o de Galería del Coleccionista. Y claro, tú te acordarías de los progenitores de quien te llama, pero qué culpa tiene la pobre currita que está en una nave de Rosario o de Mendoza de que los cafres de esas empresas tengan tan mala praxis.

Así que aquí os vendo una idea. Sería interesante publicar el número de teléfono de la centralita de estas empresas. Y que todos llamáramos de continuo para simplemente, contarles algo. Para entretenerles y así, que de paso se den cuenta que para pesados, los demás también podemos serlo.

Fotowiki: Con los teléfonos de fichas esto no pasaba.

viernes, 5 de diciembre de 2008

A éste ya no lo encuentra ni Paco Lobatón

Puede que los más jóvenes lectores de este blog no recuerden la enorme repercusión mediática que tuvo el programa "Quién sabe dónde", emitido por TVE entre 1991 y 1998. Aunque su primer año de vida lo pasó en La 2 conducido por Ernesto Sáenz de Buruaga, fue en 1992 cuando se convirtió en un fenómeno de masas, ya en horario estelar en TVE1, presentado y dirigido por Paco Lobatón.

Así que en aquellos tiempos se recurría continuamente a la coletilla que titula este apartado cuando alguien desaparecía sin más. Fuera o no a comprar tabaco, que entonces no era políticamente incorrecto. Y es que volatilizados famosos ha habido unos cuantos. Desde el náufrago por excelencia, Robinson Crusoe, salido de la pluma del británico Daniel Defoe en 1719, hasta los archifamosos protagonistas de la serie de la ABC Lost (Perdidos).

"Perdido como un quinto en día de permiso", proclamaba el venerado (por algunos) Joaquín Sabina en su tema 'Así estoy yo sin ti '. Perdido está desde 1992 Antonio Anglés, y perdidos estuvieron en su día Luis Roldán y El Dioni, residentes provisionales en Laos y Brasil, respectivamente, en 1994 y 1989. Perdido está, desde 1987, David Guerrero, el niño pintor de Málaga, como se perdió el niño Jesús en el templo de Jerusalén, aunque a éste lo encontraron.

Perdido estuvo el famoso pendiente de diamantes de Lola Flores en el programa de José María Iñigo "Esta noche... fiesta" en 1977 y perdido estuvo -irremisiblemente- el virgo de Visanteta en la peli de Vicente Escrivá un año después. Perdido está -y mira que lo buscan- Osama Bin Laden.

Iberia perdió medio millón de equipajes en 2006, la mitad que British Airways, que lideró tan impresionante clasificación. Perdidos también, ni más ni menos que 21,9 millones de litros de agua al día en roturas y fugas en las tuberías de la red de abastecimiento de Barcelona. Y no digamos de la impresionante lista de aviones y barcos que, si nos creemos lo que escriben algunos, se han perdido en el Triángulo de las Bermudas.

En fin, que perdidos, desaparecidos o escondidos hay, ha habido y habrá muchos, pero creo que ninguno tan irremisiblemente como el signo ¿

No sé si será por influencia inglesa -eso sería suponer que la gente sabe inglés-, pero lo cierto es que ya no sólo ha desaparecido en los mensajes en lenguaje (¿lenguaje?) ese-eme-ese, sino incluso en textos que podríamos denominar, normales, obra de adultos que tienen la misma idea de mandar un mensaje por el móvil que George W. Bush sobre escondites de armas de destrucción masiva.

Podría reflexionar acerca del empobrecimiento de nuestro idioma. Sobre cómo la hache es asignada o eliminada de las palabras por sorteo; cómo la be y la uve se intercambian sus posiciones a discreción, e incluso sobre esa moda tan cateta de sustituir la q, y a veces hasta la c, por una preciosa k, que queda más chula. Pero no, no, no quiero pontificar. Tan sólo rezar un sentido responso por ese signo demodé, arcaico y que tan sólo utilizamos los antiguos y pesados como yo. El signo ¿

Fotowiki: El más famoso de los objetos perdidos españoles es, sin duda alguna, el carro de Manolo Escobar.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Donde se critica con mesura a los medios de comunicación

Dicen que fue Edmund Burke, un escritor y político anglo-irlandés del siglo XVIII el que acuñó la expresión de "el cuarto poder" para referirse a la influencia de la prensa en la vida institucional de la sociedad de la que forma parte. Complementaba así a los tres poderes que el francés Montesquieu había definido en 1748 en El Espíritu de las Leyes.

No voy a entrar a valorar si en realidad la prensa es el cuarto, el primero o el séptimo; es una cuestión numérica sin mayor trascendencia, porque imagino que, como podría decir Albert Einstein, todo es relativo. Me gustaría, sin embargo apelar a una reflexión sobre la responsabilidad que supone ser un poder, con independencia del ordinal. Una reflexión que, en esta ocasión no ha de referirse a la llamada telebasura, sino tan sólo a los informativos de este medio, a los de la radio y a los periódicos.

Creo que la prensa, la prensa informativa, sigo matizando, está afectada en la actualidad de dos virus de una cierta gravedad, virus que alguien debería mirarse, por aquello de pensar en si tienen cura. Claro que para curarse hay que querer hacerlo, y no parece ser el caso.

El primero de ellos -y no necesariamente el más importante- es el del morbo, el de la búsqueda de audiencia. Los Telediarios siempre nos metieron sangre en la comida, al menos desde que yo recuerdo. Pero era la de una guerra, la de un atentado, la de un grave accidente. Y además, en muchos casos, con sumo cuidado, con exquisito tacto para no cruzar la línea que llevaba al morbo. Una línea que se cruzó sin pudor hace tiempo para dedicar a los llamados sucesos un espacio desmedido, una atención innecesaria e imprudente. Y que nadie piense que es algo exclusivo de la televisión: hace un poco centenario periódico regional se permitió colgar en su web de forma destacada un video en que una persona se quemaba a lo bonzo. El morbo vende.

El segundo de los virus al que me refería no es, como algunos pudieran pensar, la tendencia a hacer política desde sus páginas, ondas o emisiones. A mí me parece perfectamente legítimo que los medios de comunicación tomen partido. Eso sí, siempre que lo hagan abiertamente, sin esconderse, sin pretender una etiqueta de independencia que es más falsa que un próximo embarazo de la Duquesa de Alba. Un virus que tiene también una grave variante: a veces vemos como un periódico o una radio cambia de manos, cambia de grupo. Y eso supone a veces un cambio de línea editorial que hace que la ideología de un medio sea distinta a la de sus lectores, que al menos deberían de ser informados de esa circunstancia, más que nada para que no los manipulen.

Pero hay más cuestiones de relevancia. Están aquellos a los que el cuarto poder se le sube a la cabeza. Aquellos que creen que los que mandan son ellos, y que, por encima de las elecciones, de las decisiones de los ciudadanos, los gobiernos, los parlamentos o los partidos, está su santo antojo. Esos que presumen de que ponen y quitan, que manipulan no ya por una cuestión de ideología, sino de ego. Aquí se hace lo que yo digo, y punto. Podría -como de todo lo demás- poner ejemplos, pero no lo considero necesario (ni prudente).

Y me queda, por no extenderme, otra duda. ¿Debe publicarse todo? ¿Existe la responsabilidad suficiente como para no publicar una noticia sabiendo que la publicación de la misma puede conducir a extender -por imitación- una conducta reprobable? ¿Se debe darle a algunos delincuentes la publicidad que buscan por ofrecer una primicia?

Demasiadas dudas en un mundo que creo que debe evolucionar hacia la responsabilidad, hacia la madurez, hacia la sensatez. Aunque algunos, a eso, lo llamen volver atrás.

Fotowiki: William Randolph Hearst, controvertido periodista y empresario de la comunicación. Polémico donde los haya. Retratado por Orson Wells en Ciudadano Kane.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

De aquello de lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre

Las bodas, las bodas. Interesante mundo el de las bodas por el que todos pasamos muchas veces a lo largo de nuestras vidas. Usualmente sólo las protagonizamos una vez (hay excepciones sonadas), pero comúnmente todos los años nos caen unas cuantas invitaciones. Y luego están las noticias, la boda del año (de ésta hay tres o cuatro todos los años), la de alguien de la Casa Real que echan por la tele, las que creías que te iban a invitar y no te invitan... Las bodas, las bodas.

Están las bodas de Caná (Canaan), las de Fígaro, las de Camacho, 'Cuatro Bodas y un Funeral' y hasta los videos de tu boda, que no sabes muy bien por dónde andan.

Hay bodas sonadas en los periódicos, como la que estuvo a punto de no celebrarse hace unos días en Mallorca y que ayer contaba El Mundo y que probablemente pueda dar lugar al uso de la demagogia habitual en estos casos.

Están, efectivamente, las bodas rocieras, las directamente flamencas y hasta las que llevan coros de un gospel más falso que los billetes de seis euros. Bodas con orquesta de cámara, con soprano (incluso con amigas de la madre de la novia que se creen que son sopranos y destrozan alguna pieza de Schubert) y con coro parroquial de los de "Juntos como hermanos" a guitarra. Están las bodas neocatecumenales y sus cortas ceremonias. Las bodas de plata y las de oro.

Están las bodas en el juzgado -más en desuso que las bodas en latín- y las bodas en el Ayuntamiento, bodas que en algunos casos están tan inspiradas en las de toda la vida que sólo falta que el concejal de turno reparta la comunión antes de finalizar.

Las bodas gay y las bodas por poderes. Las bodas que celebran los capitanes de los barcos y las bodas "in artículo mortis". El matrimonio morganático y el más interesante de todos: el matrimonio sororal, que según Tita Wiki era una costumbre indígena mapuche (chilena) en que un tipo se casaba con unas cuantas hermanas. Por cierto que no hay una estadística del tiempo que tardaba luego el tipo en suicidarse, pero intuyo que no llegaría a una semana casado con sus cuñadas...

Están los regalos de boda, las extintas listas de boda y las modernas cuentas para pagar el regalo a los contrayentes. Incluso hay una nueva costumbre que aún no he visto con estos ojos que Dios me dió, consistente no ya en introducir en el sobre de la invitación la tarjeta con el número de cuenta, sino el menú de la cena con la expresión (bien) visible del precio del mismo, por aquello de dar una orientación acerca de cuanto se espera que uno deposite -al menos- como regalo.

Las bodas, las bodas. ¿Os he dicho que el viernes me voy al Puerto de Santa María a una boda que tengo el sábado? Y a estas alturas no sé que corbata ponerme con el chaqué.

Fotowiki del día: Recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a tí.

martes, 2 de diciembre de 2008

Donde se cuentan cosas de algunos de los últimos acompañantes de Caronte

Lentamente, con un ritmo constante, sin que sus rítmicos movimientos dejen entrever ningún esfuerzo, el barquero Caronte deposita su pértiga sobre el fondo del río Aqueronte, impulsando decididamente su embarcación hacia los dominios de Hades, ante la atenta mirada, allá a lo lejos, de las tres cabezas de Cerbero. Y allí deja su cargamento de almas para volver al comienzo, para volver a emprender un nuevo recorrido por el Aqueronte (para Virgilio por la laguna Estigia).

Esta semana, el barquero se llevó al otro lado, a aquel del que tan sólo Hércules consiguió retornar, a Jørn Utzon, otro de esos geniales arquitectos que en el mundo han sido y que, este bloggero admirador de la arquitectura tenía en su más alta consideración.

Utzon fue, para la gran mayoría de los que llegan a saber su nombre, el creador de la Ópera de Sidney. Una obra impresionante, genial, un icono estético de las grandes construcciones hechas por el hombre. Una de las maravillas modernas, declarada Patrimonio de la Humanidad.

Ganó por concurso internacional el diseño de ésta en 1957, aunque no pudo finalizar la ejecución debido a discrepancias con el Gobierno australiano, por lo que en 1966 abandonó el proyecto que fue culminado en 1973. Con todo nadie cuestiona su paternidad sobre tan emblemático edificio.

Tuve la suerte de conocer la Ópera de Sidney en septiembre de 2000. Con un impresionante jet lag tras treinta y seis horas de viaje, pocas cosas podían hacer que uno abriera verdaderamente los ojos, pero la obra de Utzon lo consiguió. Nos habíamos bajado del metro al otro lado de la Bahía. Queríamos cruzar a pie el famosísimo puente construido por Dorman Long en 1932, entrando por esa vía al antiguo puerto, por lo que nuestra primera visión de la Ópera fue impresionante, a lo lejos con una perspectiva inmejorable.

Luego, desde cerca, la Ópera te sorprende aún más. De entrada por que uno piensa que la superficie de sus cubiertas será lisa, y es una sucesión de ladrillos que dejan huecos entre sí. Por la grandiosidad que trasluce en todos sus ángulos, en todos los planos en que uno puede abarcarla. Y por su interior de espacios enormes, inimaginables al verla de lejos. Una auténtica maravilla.

Curiosamente no era la primera obra de Utzon que visitaba. El año anterior había tenido la oportunidad de conocer otras construcciones suyas en Copenhague y Esbjerg (Dinamarca), haciéndome a la idea de la gran capacidad de este impresionante arquitecto. Un hombre capaz de diseñar edificios dispares, adaptados a un entorno en el que sólo la claridad de sus ideas, de los espacios, de las formas es un elemento común en su obra. Y es que Utzon, a diferencia de otros, no repite un mismo modelo que le ha ido bien con mínimas variaciones. Utzon fue capaz de inventar mundos distintos en cada una de sus obras. No hay más que ver construcciones como la Asamblea Nacional de Kuwait, en que todos sus materiales se hacen ligeros para simular una tienda que se abre en el desierto.

Ojalá muchos lo tomen como ejemplo.

Y en éstas, cuando había decidido hablar de Utzon me entero de que también Caronte llevaba la compañía de un cantautor que recuerdo oir en una cinta de cassete que a veces sonaba en casa: Joan Baptista Humet, quien escribiera aquellos versos: ¡Hay que vivir, amigo mío! Antes que nada hay que vivir, y ya va haciendo frío, hay que burlar ese futuro que empieza a hacerse muro en ti.

Ojalá que tengan una feliz estancia en el más allá.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Donde uno reflexiona (y expresa sus temores) acerca de las comidas y cenas de Navidad

Mis recuerdos infantiles de la Navidad pasan, evidentemente, por el único mundo por mí entonces conocido: el familiar. Como si fuera un europeo del primer milenio y medio de nuestra era, ignoraba que hubiera algo más allá. Non plus ultra.

Todo contacto con el mundo exterior a esas fechas navideñas lo constituían los aguinaldos que pedían por las casas algunas profesiones como los serenos, los basureros (entonces no eran ingenieros urbanos) o el butanero pasaban por casa, pedían el aguinaldo y te dejaban una tarjeta de "El Sereno les desea Felices Fiestas". Bueno, el Sereno o el que le tocara. Por cierto que mi ingenuidad infantil aún no estaba al tanto de las leyendas urbanas en torno a los butaneros, paradigmas luego de chanzas variadas acerca de su extensa paternidad repartida por múltiples hogares del mundo.

Vengo con esto a decir que los de la guardería no nos juntábamos por nuestra cuenta a montar una cenita navideña, como tampoco lo hacíamos aquellos niños que compartíamos pediatra ni los que destrozábamos los pantalones en el refugio de las Casas de Peralta. Todo eso de las cenas no sé si es que yo lo aprendí después o es que entonces no estaba tan de moda.

Hoy, por contra, raro es el mortal que no tiene tres o cuatro compromisos llegadas estas fechas al margen de la familia. Y sí, digo llegadas estas fechas porque, dado que se acumulan tantos fastos, la demanda lleva a algunos a adelantar los primeros banquetes hasta casi comenzar la degustación de turrones en las mismas faldas de la Inmaculada.

Que si las cenas con los compañeros del trabajo, que si con los amigos, que si con los excompañeros de tu empresa de antes por tu cuenta, que si de la cofradía, la asociación o la peña futbolística. Ni con crisis se libra uno de las comidas y cenas. A lo sumo cambian el jamón por chopped y el cava por sidra, pero nadie renuncia al despiporre.

Uno, que es serio de natural, tiene que aguantar encima los desmadres de los que se ponen la corbata en la cabeza y le tiran los tejos a cualquiera (antes se decía a cualquiera que lleve faldas, pero hoy ya no hay límites tampoco a los que llevan pantalones). O la chorrada esa del amigo invisible, cuando no el sorteo de una cesta de Navidad.

Lo dicho, que nos esperan unas fechas de interesante yantar, de engordar, de perderle el respeto a los compañeros y de tratar, por todos los medios, de que no te lo pierdan a ti.

Y a todo esto, yo a dieta y con la moral, más o menos, siguiendo al Ibex. O sea, por los suelos.

Fotowiki: Freixenet, el de las burbujas (aunque que conste que a mí me gusta el Champagne Veuve Clicquot. Cosas de mis gustos sibaritas).