jueves, 7 de octubre de 2010

Cosas de princesas

Yo no sé si vivimos en un país de porteras (con p, no con h) o es que el glamour nos pone, pero es que a las primeras de cambio a la peña le da por las princesas. Como sabéis, el bloggero tiene un unigénito, así que no sé muy bien como es eso de reproducirse en XX, pero tengo una sobrina y algunos amigos con descendencia de la especie hembra del género humano. Y me consta que lo del princesado les viene de nacimiento, diga lo que diga Sabina. Que no sé en Madrid, pero en el resto del territorio patrio, a las niñas sí les da por ser princesas.

Las niñas se princesean a la voz de ya, aunque sea metamorfoseadas en extraños ropajes Disney. Que no hay más que ir a  Euroidem para ver cómo el mal tiempo habitual no es obstáculo para que meninas de la más diversa procedencia se vistan de princesas de dibujo de ayer y hoy.

No sé si será por los cuentos, esos que llaman de hadas, y en realidad son de princesas. Princesas "cercanas", como una tal Blancanieves, que cuando la dejan enmedio del bosque y se mete en la casa de los enanos, hace lo que podía esperarse de una princesa: fregar los cacharros y limpiar el polvo. Vamos, lo que venía haciendo en palacio todos los días. Más o menos lo mismo que la princesa del guisante. Y es que hasta en esto de las princesas las tenemos de todo tipo. Como diría mi padre: "siempre ha habido clases y categorías".

Aquí, en las Españas, acostumbrados a las reinas-madres mandonas y a que María Cristina nos quisiera gobernar, nos salió de pronto una princesita de cuento y a la peña se le disparó la ternura. Me refiero, como es obvio, a María de las Mercedes de Orleans y Borbón, nacida en el Palacio Real de Madrid un 24 de junio de 1860, siendo hija de duque (Montpensier) e infanta con nombre de zarzuela (Luisa Fernanda) y por tanto no princesa, aunque sí nieta de rey (Fernando VII). La niña (y no es una forma de hablar, es que tenía doce años), se hizo novia de un príncipe (Alfonso, de catorce) viviendo en el exilio. Amores casi infantiles en los que no sé si la oposición familiar vino por el parentesco de ambos (primos hermanos), por las rencillas famiares o por la tierna edad de los críos, que imagino que no estaban en disposición de pecar en exceso, y mucho menos contra el sexto.

María de las Mercedes fue la princesita de los cuentos españoles del primer tercio del XX. Se casó con su príncipe -que ya era rey-, y cinco meses después, en un final trágico, tal  y como hubieran podido escribir perfectamente los crueles hermanos Grimm, murió de tifus, dos días después de cumplir los dieciocho años. Aquí el cuento, a modo de copla, nos lo contaron los inefables Quintero, León y Quiroga, y lo cantaron todas las cantantes del género que en el mundo han sido, desde la Piquer a la de Triana: "España viste de duelo y el rey no tiene consuelo". Y olé.

Pero claro, aún no había llegado el cine, y el cine llegó. Y así, a finales de los cincuenta, María de las Mercedes revivió en las carnes de Paquita Rico, enamorando a Vicente Parra y volviendo a ser princesa de otra generación, aunque ahora en dura competencia con Isabel de Baviera (1837-1898), que había resucitado en 1955 reencarnándose en el cuerpo de la austriaca Romy Schneider. O con Anastasia Nikoláyevna Románova, genialmente interpretada en 1956 por la gran Ingrid Bergman. Sin olvidar, poco antes, en 1953, a la princesa Anna, alter ego de Audrey Hepburn en sus Vacaciones en Roma. Que menuda década la de las cincuenta en esto de las princesas.

Y ni la reina Mercedes, ni la emperatriz Sissi, ni la princesas Anastasia y Anna. En esa década la que se llevó el gato al agua, un 19 de abril de 1956, fue la oscarizada Grace Kelly, al convertirse en Su Alteza Serenísima la princesa Gracia de Mónaco. Toma glamour, mezcla de cine y de dinastías europeas, a la altura de una hipotética descendiente de Muskar XII, con todos sus títulos de princesa real de Syldavia.

Luego, con los años, llegaría la prensa del corazón. Y las descendientes de Gracia, una más agraciada que la otra en esto del glamour. Y la tímida chica de Norfolk que daba clases en una guardería cuando se casó con un príncipe heredero (que tiene pinta de no heredar nunca). Y las princesas se hicieron de otro tipo. Y se divorciaban. Y hasta un Borbón se casó con una Ortiz, con eso de la modernidad.

¡Pero por Dios! Ni en la mayor de las pesadillas antropológicas que en el mundo han sido se podía haber imaginado la imbecilidad esta de la Casa Real de San Blas, de la estulticia televisiva y de las "princesas" que le enseñan a las niñas de hoy. Menos mal que siempre nos quedará Disney.

Fotowiki: Y uno, XY nacido cuando fue nacido, no reconoce otra princesa en el mundo mundial que Leia. Hija adoptiva de Bail y Breha Organa. Hija de Padmé Amidala y Anakin Skywalker. Hermana de Luke. Princesa de Alderaan.

1 comentarios:

sushi de anguila dijo...

Los pelos como escarpias con Muskar XII...

Mi princesa favorita siempre será Nausicaa, del Valle del Viento,

http://4.bp.blogspot.com/_2RtAHhhGM9M/TH2E7JP8uHI/AAAAAAAAAMo/ja9PyTOkqyM/s1600/nausica.jpg

y de las de carne y hueso,la princesa Yuki, esa preciosidad rebosante de carácter interpretada por la fascinante Misa (MISAKO) Uehara

http://1.bp.blogspot.com/_fHxSeMknl1s/TCaTAUXDzmI/AAAAAAAAAIM/qmG8-XFU80U/s1600/Misa+Uehara.jpg

y que, como es bien sabido por los fanáticos de Star Wars y el cine nipón, inspiró al todolocopioylorreinterpreto de George Lucas el personaje de su admirada Leia...
http://www.imdb.com/media/rm999260416/tt0051808