En 1986 estuve en Milán, en la que hasta ahora es mi única visita a dicha ciudad. Fue en el Viaje de Estudios de COU, ya camino de regreso a España tras unos cuantos días en Italia. En la capital lombarda no parecía haber la profusión de monumentos que habíamos contemplado en Roma, Venecia, Pisa o Florencia, pero sí otras cosas interesantes. Allí conocí de primera mano el tranvía, que hasta ese momento se dividía en mi disco duro en dos visiones: el vehículo antiguo que recorría la Tri en las fotos de Casaú, y una especie de autobús con campanas que salía recorriendo "las calles de San Francisco".
Con todo, en un Milán en el que aún no habían llegado Arrigo Sacchi, Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Marco Van Basten -entrenador y jugadores que admiraría bastante en los años siguientes- lo más llamativo para el joven protobloggero fueron alguno de sus lugares destacados: el castillo de los Sforza, que le daba un punto de antigüedad a una ciudad que se veía infinitamente más moderna que el resto de Italia. El Duomo, esa imponente catedral gótica en cuyo interior cabe más gente que en la Nueva Condomina y que, pese a haber iniciado su construcción en el siglo XIV, no vió culminada su fachada hasta comienzos del siglo XIX, ni más ni menos que por orden de Napoleón Bonaparte. Pa' que luego digan del petit corso.
Por supuesto que había más monumentos, pero vamos, para tres horas o así que estuvimos en la tierra de San Ambrosio y de Paolo Maldini, tampoco daba para mucho más. Si hubiera ido ahora, probablemente me habría dejado caer por Santa Maria delle Grazie, por aquello de ver la Última Cena de Leonardo, pese a que aquello debe ser un agobio de seguidores de Mr.Brown y su código. Pero en aquella ocasión, lo que me quedé con las ganas de ver fue San Siro, que ya por entonces había sido rebautizado como Estadio Giuseppe Meazza, aunque todo el mundo lo seguía -y lo sigue- llamando por su nombre original.
Con todo, el espacio que más me llamó la atención, con permiso de la Piazza Duomo, fueron las Galerías Vittorio Emanuele.
No sabría muy bien deciros el porqué. En aquellos tiempos, aún no me habían contraido en matrimonio, con lo que no estaba yo familiarizado con el deambulatorio escaparatista con incursiones en el interior de cualquier dispensador de trapos cosidos. Pero arquitectónicamente aquello me llamó la atención. Era mi primera incursión en un concepto que aún no dominaba (porque aunque aquello fuera un poco como el Pasaje Conesa, ciertamente lo sería a lo bestia).
Con el tiempo aquello de colocar tiendas en calles cubiertas, o directamente construir edificios para llenarlos de comercios, se extendería como la pólvora. Pero en el 86 aún faltaban décadas para que fueran alumbradas 'Nueva Condomina', 'Thader', 'El Tiro', 'Mandarache', 'Espacio Mediterráneo' o el 'Parque Almenara', por citar los más cercanos.
Lo que pasa es que, por muy buenas que sean las construcciones modernas, no se pueden parecer a la referida de Milán, la que construyera en la segunda mitad del XIX un tipo llamado Giuseppe Mengoni.
Éste uniría, a partir de 1865 la Piazza della Scala y la Piazza Duomo con unas galerías cubiertas, en forma de cruz latina. Y con unas entradas de una espectacularidad pensada. Porque el arco del triunfo que supone el acceso desde la plaza de la catedral, es de los que impresionan. Y hasta los italianos son tan respetuosos con su historia que no le han quitado el nombre de Vittorio Emanuele II, que fuera "el primer rey de Italia unida".
Luego, con los años visitaría otros muchos recintos de estas características. Las 'Galerías Pacífico' (Emilio Agrelo y Roland Le Vacher, 1888) en Buenos Aires, el Queen Victoria Building (George McRae, 1898) en George Street, Sidney, las Glavny Universalny Magazín, GUM (Alexandr Pomerántsev y Vladímir Shújov, 1890-1893) en Moscú serían probablemente las tres más destacadas que he conocido. Aunque recuerdo Westfield, en Parramatta (New South Wales, Australia) porque fueron las primeras que vi de construcción moderna y un montón de pisos al estilo de las que luego he admirado en algún documental canadiense sobre cómo vivir en el subsuelo durante el duro invierno. Pero ninguna como las decimonónicas mencionadas.
Y podría contar más, pero tampoco hace falta. Lo que pasa es que no sé yo muy bien porqué, hoy tenía el día milanés y me ha dado por escribir de estas cosas...
Fotowiki: No he dicho que la cubierta de las Galerías Vittorio Emanuele es de cristal, y que donde se cruzan las dos naves hay una cúpula -un octógono- que es el de la foto.

2 comentarios:
También rebosan encanto las Galerías de la Reina en Bruselas y, como espacio cubierto, la nueva cúpula de Norman Foster para el British Museum, la mayor cobertura de su género en toda Europa...
También molan, por su ubicación y aire decadente, las GUM moscovitas...
En cuanto a lo de terminar la catedral, no olvidemos que Milán fue durante casi tres siglos una ciudad española (les dejamos como gran herencia ese maravilloso filete empanado que todo el mundo llama milanesa y que luego se llevarían los austríacos a Viena), así que ya se conoce el dicho: un español trabajando y tres mirando...
Yo me quedo con la Umberto I de Nápoles, de recomendable visita también:
http://www.theodora.com/wfb/photos/italy/italy_photos_20.html
Saludicos!!!
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