viernes, 15 de octubre de 2010

Disertación del bloggero sobre literatura sueca y cuestiones colaterales

Uno no siempre recuerda todas las cosas que le pasaban de pequeño. Debe ser que el disco duro de las células grises no funciona muy bien en el modo almacenamiento cuando todavía no has hecho más que quitarle el precinto. Es lógico, pero para eso -y para mucho más, obviamente- están las madres. Ellas son capaces de recordar casi cualquier cosa que hacías cuando no levantabas dos palmos del suelo, y luego te lo cuentan y conforman así una serie de recuerdos adquiridos, que sumar a los propios, en una suerte de memoria histórica en versión buena.

Y recuerda mi madre el berrinche que agarré, allá por el año en que el general superlativo pasó a mejor vida -o quizá poco después- cuando en la tele (la única) entrevistaron a una actriz sueca llamada Inger Nilsson. Era aquella una moza de buen ver. Ni más ni menos que una sueca en los tiempos del landismo. Una zagala que se acercaba a la veintena y que en nada se parecía a la niña que yo esperaba ver. Porque Inger Nilsson era, por encima de todo, Pippi Calzaslargas.

Así que no sé muy bien si aquello fue en Directísimo y frente a ella se encontraba parapetado tras su enorme mostacho José María Íñigo, pero pongamos que sí. Y que cuando anunciaron que iban a entrevistar a la que en aquel entonces era la única actriz sueca que conocía el bloggero (perdóname, Ingrid), a quien yo esperaba encontrar en la pequeña pantalla albinegra era a una niña de mi edad, pecosa y con dos enormes trenzas tiesas a ambos lados de la cara. Y en su lugar me veo a una zagala en edad de merecer. Y oye, como que no. Que como digo, cuenta mi madre que me agarré un globo de proporciones estratosféricas.

Y es que, con permiso de Stieg Larsson y de Lisbeth Salander, para los de mi generación, a Suecia la descubrimos gracias a las aventuras de la niña más fuerte del mundo, la dueña de un mono llamado Mister Nilsson y un caballo que atendía al nombre de Pequeño Tío; la amiga de Tommy y Annika Settergren, la rival de la señorita Prasselius y los ridículos polis Kling y Klang: Pippi Långstrump.

Porque a ver, quién no se acuerda de esta serie que estrenó TVE en 1974 (cinco años después de su rodaje en Suecia, de ahí la diferencia de edad en la protagonista mencionada). Una serie que, según recuerdo -y aquí sí recuerdo yo- era más sosa en un principio, "más de niñas", pero que luego tuvo una segunda parte mucho más "masculina", cuando Pippi iba a rescatar a su padre, "rey de los mares del Sur", de las manos de un pirata llamado Messer el Cuchillo. Es más, afirmo que más de uno -y de dos- se tiró luego unos cuantos meses utilizando el latiguillo "calabaza gorda" para meterse con algún amigo de amplio perímetro craneal, emulando al loro que custodiaba al Capitán Långstrump.

Y no sé por qué, ciertamente, pero hoy me apetecía rememorar a aquel personaje que inventó en 1941 la escritora sueca Astrid Lindgren (1907-2002), cuando su hija Karin, de siete años, estaba en cama con neumonía y le pedía a su madre que le contara cuentos. Y así lo hizo, inventando un personaje que me cuadra perfectamente en lo que una madre podría imaginar para contar a su hija enferma. Cuando Karin Lindgren cumplió diez años, en 1944, su madre le regaló por escrito las aventuras de Pippi, y se animó a enviarlas a una editorial, que las rechazaría. Un año más tarde, y una vez revisadas, volvió a intentarlo, esta vez con éxito. Y ya sabemos lo que pasó luego.

En 1949 hubo una primera versión en el cine (que me da que aquí no se vió) y veinte años después la televisión sueca (Sveriges Television Aktiebolag) rodaba la serie que aquí conocemos, y que se estrenó también en formato película, fundiendo trozos de episodios. La dirigió un tipo de apellido infernal, Olle Hellborn, y los guiones corrieron a cargo de la propia autora. Como guiño para los que hayan leído la trilogía Millenium (de la que escribiré otro día), Hellborn fue el que dirigió en 1957, también sobre una obra de Lindgren, "Mästerdetektiven Blomkvist lever farligt", que me da que debe ser la inspiración del mote que no le hace ni pizca de gracia al coprotagonista de los tres libros suecos más vendidos.

Para la serie de Pippi eligieron como protagonista a una cría de diez años (en el 69) llamada Inger Nilsson (Karin Inger Monica Nilsson), que había nacido en un sitio llamado Kisa, Östergötland un 4 de mayo de 1959. La misma que, sin saberlo, protagonizara el cabreo que se agarró el bloggero y que aquí os he contado. La que dice que la marcó tanto el personaje que no ha conseguido nunca volver a obtener un buen papel, por lo que se ha tenido que ganar el pan en otros menesteres no actuantes.

Coda: Y que conste que no olvido que os debo una entrada sobre el otro sueco que leí de crío, el detective Teban Sventon, de Ake Holmberg. A ver si lo hago antes de enfrascarme en comentar la obra de Larsson.

Fotowiki: Un sello alemán sobre Pippi Calzaslargas. Como es de 2001 lleva el precio en marcos y euros.

3 comentarios:

sushi de anguila dijo...

Curioso... O no.... Messer es 'cuchillo' en alemán...

¿Te das cuenta de que entre el Señor Nilsson y Amedio, los nenes de la Transición pensabamos que la vida no tenía sentido sin llevar un monico de estos al hombro?

Recuerdo como si fuera ayer mi reacción ante la entrevista que evocas... Y también pensé que se había tomado un buen Cacho del hongo del crecimiento de Alicia....

La película de Pipi y los piratas la habré visto una docena de veces en el cine, y no exagero....

Siempre he albergado la más que razonable duda si la popular expresión "Pasarlo Pipa" tiene su origen en la serie....

Wunderkammer dijo...

Pues es como una nebulosa pero ha sido hablar de la entrevista y venirme como un recuerdo, con mostacho y todo.
Si la pasaron en 1974 tenía yo entonces tres años, de ahí que me acuerdo muy poco de Pipi... lo que más me gustaba era la canción.

sushi de anguila dijo...

O LAS CANCIONES...PORQUE TAMPOCO ERA MOCO DE PAVO LA DE PIPI Y LOS PIRATAS: "VEINTE PANES Y MIL SALCHICHAS, Y UN MONTÓN DE BARRILES DE RON...."