Cuentan que hubo un tiempo en que la gente era conocida por motes o sobrenombres, particulares o colectivos (familiares) y que en según qué sitios era imposible identificar a los vecinos si uno pretendía utilizar nombre y apellidos, en lugar del sobrenombre familiar. Incluso recuerdo una noticia de esas ñoñas que antes salían en los telediarios (hasta que les dió por los sucesos) de un pueblo en el que se había editado una guía telefónica con los motes de los vecinos, porque la otra no les servía para nada.
Y aunque esto es algo más o menos conocido, y en el que incluso llegamos a conocer personas de las que ignoramos el nombre, pues ya nos las presentaron con sobrenombre, lo cierto es que para los urbanitas de mi quinta lo de los motes lo utilizamos en tiempos tan sólo para los profesores. Ignoro si la cosa sigue siendo así, y la peña se refiere al cuerpo docente con calificativos que, ya sabemos que lo infantil es por lo general cruel, en algunos casos eran francamente sangrantes. En otros simplemente eran, que no es poco. Estoy seguro que hay profesores a los que recordamos con nombre y apellidos (incluso con el Don delante del nombre) y otros a los que no podríamos identificar en una conversación con antiguos compañeros de clase si no es por el apelativo que se le dedicó en tiempos. Recuerdo incluso el caso de la madre de un compañero, que fue a ver a un profesor al colegio y le preguntó si era el señor x (colóquese aquí el mote), porque la buena mujer estaba convencida de que ese era su apellido.
Pero como no es plan de dar ideas al personal refrescando la memoria escolar, podemos recopilar unos cuantos en otro gremio que durante siglos acumuló todo tipo de sobrenombres: monarcas que pasaron a la Historia añadiendo a su nombre y ordinal un apodo. Y es que parece que en tiempos aquello debió estar de moda, porque no había testa coronada que se preciase si el propietario de la misma no lucía, con mayor o menor orgullo, un apellido calificativo. Y lo del orgullo no es algo baladí, porque me imagino que no es lo mismo que te llamen "el Sabio" que "el Impotente". Y como quiera que esos calificativos se los dedicaban en vida, pues habrá que pensar que el departamento de marketing de algunos reyes funcionaba mejor que el de otros. Porque prensa no había entonces, así que...
A ver, procedamos al repaso. Si nos dedicamos a los reyes astur-leoneses y castellanos, encontramos entre ellos a Alfonso I el Católico, Bermudo I el Diácono, Alfonso II el Casto, Alfonso III el Magno, Fruela II el Leproso (anda que...), Alfonso IV el Monje, Ramiro II el Grande, Sancho I el Craso (que viene a significar que no tiene perdón, creo), Bermudo II el Gotoso, Alfonso V el Noble, Fernando I el Magno, Sancho II el Fuerte, Alfonso VI el Bravo, Alfonso VII el Emperador, Sancho III el Deseado, Alfonso VIII el Noble, Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio, Sancho IV el Bravo, Fernando IV el Emplazado, Alfonso XI el Justiciero, Pedro I el Cruel (mote de sus adversarios) o el Justiciero (mote de sus partidarios), Enrique II el Fratricida o el de las Mercedes (otro con dos), Enrique III el Doliente, Enrique IV el Impotente e Isabel la Católica.
O sea, un montón de católicos o religiosos (monje, diácono), muchos grandes y magnos y algunos que no había pantalones a decírselo a la cara, si uno apreciaba la propia vida. Eso sí, conforme se extinguen las dinastías, aparecen los Dolientes e Impotentes. Lógico.
Que otrosí encontramos en el lado derecho de la bisectriz, o sea, en Aragón: García Sánchez II el Temblón (mola), Sancho Garcés III el Mayor, Alfonso I el Batallador, Ramiro II el Monje, Alfonso II el Casto, Pedro II el Católico, Jaime I el Conquistador, Pedro III el Grande, Alfonso III el Franco (sic), Jaime II el Justo, Alfonso IV el Benigno, Pedro IV el Ceremonioso, Juan I el Cazador, Martín I el Humano, Alfonso V el Magnánimo, Juan II el Grande y Fernando V el Católico.
Como más originales y más bélicos los aragoneses ¿no? Lo del Temblón me gusta, como lo del Humano o el Ceremonioso.
Y luego, en las Españas juntas aún tuvimos tiempo para un montón de motes con los Austrias: Juana I la Loca, Felipe I el Prudente, Carlos I el Emperador o Carlos II el Hechizado, que serían los más destacados. La cosa decayó con los Borbones, aunque no podemos olvidar a Fernando VII el Deseado, ni, al margen de dinastías a Pepe Botella, que quizá sea el más jodío de los apelativos, porque la peña ni sabe quien era José I si no lo llamas por su mote.
El caso es que, aunque algunos no se lo crean, la peña, antes de que se inventara internet, los foros y el messenger ya utilizaba nick. Pa' que vean lo antiguos que somos cuando nos ponemos modernos.
Fotowiki: Isabel I de Inglaterra. La Reina Virgen. Que ya son ganas de resaltar según qué cosas. Digo.

3 comentarios:
Dos apuntes sin ánimo de enmendarle la plana, que nada más lejos de mi intención, sino de completar un poco más este fantástico y divertido post...
Yo creo que lo de CRASO se refiere más a una manera refinada y culta de llamar GORDO al Rey, así, sin que la peña/el vulgo analfabetoide se entere mucho del asunto... no hay que olvidar que la condición del craso es la CRASITUD o GORDURA, que pal caso es lo mismo....
En cuanto a Felipe I, imagino que lo de 'Prudente' va más por su nieto FeLipe II, porque el hijo del emperador Maximilano ha pasado a la posteridad como el Hermoso... y, pásmese usted, no porque así lo llamara su esposa, su mamá María de Borgoña o su séquito de aduladores cortesanos, sino por el arrebatado comentario del rey Luis XII en persona la primera vez que lo vio en persona, contando el mancebo, a la sazón, con 23 añitos... VAYA TELA...
Cierto, lo del Hermoso ha sido un salto visual a la hora de escribir, mezclando a I y II. Porque mira que es obvio que de una Loca y un Hermoso sale un quinto (de Alemania), que no de Estrella...
Y en cuanto a lo de craso, buena aclaración, que no andaba yo muy lúcido y al tirar del DRAE acabé confundido, cosa bastante lógica conociendo el percal.
Gracias por sus oportunos comentarios, Pensador San (o como se escriba).
Luis XII de Francia, claro... jejeje
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