No es para reirse, ciertamente, pero podríamos decir que nacer en un sitio llamado Pueblonuevo del Terrible debe marcar un poco, y el protagonista de esta historia nació en dicha localidad cordobesa el 23 de febrero de 1901. Fue músico, su nombre era Emilio Díaz Ruiz y cuando leí su biografía en el extraordinario libro de Alfredo García Segura ("Músicos en Cartagena, datos biográficos y anecdóticos"), la suya me pareció una vida sobrecogedora, tristemente condenada al infortunio, que llegaría a su extremo cuando a los cuarenta años, el 23 de mayo de 1941 se quitó la vida arrojándose desde lo alto de la calle Gisbert.
El bloggero no ha conocido esa versión terrible de la calle más trabajada de la Tri, puesto que fue excavada en el monte de la Concepción por motivos más que nada militares. Los primeros proyectos, de 1864, ya hablaban de comunicar el Parque de Artillería con el puerto mediante la prolongación de la calle de la Caridad, y así sucedió entre 1878 y 1893, años en que bajo la dirección del arquitecto municipal Carlos Mancha se realizó este proyecto. Quedaba así el cerro de la Concepción cortado sobre la nueva vía (el Parque Torres vendría más tarde) y al igual que los madrileños en el popular Viaducto que prolonga la calle Bailén sobre la de Segovia, los cartageneros encontraron en ella un punto donde saltar al vacío, poniendo fin a muchas vidas sin duda desgraciadas. Aquella calle recibiría el primer apellido del político murciano que inauguró las obras (Lope Gisbert y García-Tornel, que con nombre y primer apellido tiene también calle en Lorca).
Pero volvamos atrás. La familia de Emilio Díaz se trasladó tras su nacimiento a Tomelloso y posteriormente a Madrid, donde el joven músico iniciaría su Servicio Militar en 1921. Allí se enamora de una señorita (María Cruz Alberca) nueve años mayor que él, con la que finalmente se casaría en febrero de 1926, poco después de que su padre, enfermo de cáncer, se quitara la vida.
Su suegro lo ayudó a encontrar trabajo en la orquesta del Teatro de la Zarzuela y más tarde, sabedor de su vocación por la dirección de banda, le procuró dicho cargo en la Banda de Música de Buñol (Valencia), puesto que asumió en 1927, el mismo año que nació su única hija, María Teresa.
En 1931 aprueba las oposiciones para ser Músico Mayor de la Armada y tras un breve paso por San Fernando recala en Cartagena, al frente de la Música del 3er. Regimiento de Infantería de Marina a partir del 2 de julio de 1932.
Pero ya sabemos todos que en 1936 hubo una Guerra. Una jodida guerra que enfrentó a los unos con los otros y que hizo que el odio se esparciera por estas tierras. Los músicos eran eso: músicos. Pero estaban en el sitio equivocado para que no se les tuviera en el punto de mira a partir del 39.
A Emilio Díaz lo denunció un saxofonista de su propia banda por no haberle dado el papel de solista -cuenta García Segura- en la interpretación de las Czardas de Monti en un concierto en Villena. Díaz encargó ese fragmento musical a un músico de menos graduación, pero más atinado en el empleo, y eso motivó que acabara ante los Tribunales, donde constituyeron una acusación en la que lo mostraron como "desafecto" al Régimen, entre otras cosas por haber dedicado en el 37 una pieza musical ('Comandante Baeza') a un comandante cartagenero que sería fusilado al término de la Guerra. Hasta el fiscal reconoció en el juicio que había sido denunciado por celos profesionales, pero eso no lo libró de acabar en el Penal, donde siguió escribiendo música, pese a estar cada vez más deprimido.
Fue indultado en 1940 y aunque tuvo posibilidad de trabajar en lo suyo -poco-, en 1941 fue finalmente apartado del servicio, lo que le llevó -dicen- a deprimirse aún más. El citado 23 de mayo de 1941 se encontró por la calle con la esposa de otro músico (José Torres) y le pidió por favor que le dejara la medalla de la Virgen de la Caridad que ésta llevaba al cuello. Ella se la entregó y Díaz, que al parecer tenía una extraordinaria devoción por la Patrona de Cartagena (a la que compuso una marcha de procesión en 1935 que se conserva y que me gustaría mucho oir, pues no se interpreta), subió al monte de la Concepción, y apretando fuertemente en su mano la medalla de la Virgen, saltó al vacío.
Cinco meses después su única hija fallecía de meningitis, dejando a la viuda sumida en el desconsuelo.
Y yo sé que lo suyo en estos casos es escribir historias bonitas en los blogs, pero me apetecía contaros de mi simpatía por este hombre, del que dicen fue un gran músico, de esos que uno estudia sin saber siquiera como suena su obra -que es extensa, pero uno no tiene capacidad musical para oir partituras, y nada hay grabado-. Un hombre cuya trágica vida me impresionó sobremanera.
Foto: Obras de la calle Gisbert a finales del siglo XIX.
1 comentarios:
Qué tremenda y terrible historia... hasta por el lugar de nacimento de este hombre parece predeterminado su destino.
Cuando me preguntan por qué me interesa tanto la historia militar siempre doy la misma razón: la guerra hace alforar lo mejor y lo peor del ser humano, como en este caso... NO SOPORTO A LOS DELATORES DE NINGUNA ESPECIE, tan cobardes y que en situaciones de conflicto brotan como los champiñones en la mierda de gallina, por una vertiginosa generación espontánea y en gran número...
Menudo canalla sin perdón posible el que lo acusó , menuda mierda de Justicia la que le condenó, y qué terrible tuvo que ser la existencia de esa viuda...
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