martes, 4 de enero de 2011

Cinismo

Dejé de fumar el 17 de diciembre de 1999. Y lo dejé por las bravas, sin chicles, parches ni terapias, tan solo con convicción y fuerza de voluntad. Y no. No es que fumara poco, porque caían fácilmente dos paquetes al día. Ni que llevara poco fumando, porque en aquellos tiempos iba para dieciséis años, que es tanto como decir que cuando lo dejé había pasado la mitad de mi vida con un cigarro en la mano. Pero lo dejé.

Han pasado ya once años, y en muchos aspectos sigo pensando como un fumador. Incluso me sigue apeteciendo de cuando en cuando -tras una comida con familiares o amigos, por ejemplo- encender un cigarro. Pero no lo hago, consciente de que toda mi fortaleza para no fumar se basa en el mero hecho de no hacerlo. Y que si cediera una vez lo haría cien, y que pronto volvería a estar enganchado. Así que ni una calada. Ni un puro en una boda. Nada.

¿Que por qué os cuento mi vida? Porque en esto del tabaco nadie es imparcial, los unos por fumadores, los otros por no fumadores y, un buen número, por exfumadores, como el bloggero. Así que si vamos a opinar de la nueva Ley que se han sacado éstos de las Cortes, por lo menos que cada uno sepa quién es el que opina, sus condicionantes subjetivos.

En cualquier caso, no tengo intención de opinar sobre si es bueno o no prohibir fumar en todos lados, cuestión que tiene sus pros y sus contras, y que supongo que si se aprueba será porque lo piensan cumplir. Aunque como me comentaban el otro día, si es con la legislación anterior y no había narices (la palabra empleada fue otra) a decirle a algunos (evitaré mencionar colectivo concreto) que no se puede fumar en el interior de un hospital, a ver quién es el guapo que va a hacer el papel de malo en el exterior.

No. Lo que a mí me choca de esta Ley no es toda la parafernalia con que se ha aprobado -y los subsiguientes incumplimientos, que los habrá-. Lo que me parece curioso es lo que ha pasado desapercibido de ella, como la autorización a vender tabaco en lugares en los que hasta ahora estaba prohibido. ¿Sorprendente? Pues al parecer sí, puesto que los medios de comunicación casi no lo han mencionado. Esta parte llama menos la atención, al parecer.

Que nos quede claro. Las Autoridades advierten que fumar es malo malísimo. Que te mueres y tal, pero eso sí, que sea más fácil vender tabaco, que para eso sacan una buena tajada de ingresos -impuestos mediante- con su venta. Y no está la cosa para tirar las perricas, que tenemos al Estado medio arruinado. Curioso mensaje éste. Fumar es malo, pero comprar tabaco, no. No fumes en ningún sitio, pero compra tabaco donde te dé la gana. El mundo al revés.

Que no sé, pero aquí el bloggero piensa que los cimientos se ponen antes que los tejados, y que lo primero sería concienciar a la peña de lo malo que es fumar, lo que se derivaría lógicamente en una restricción seria de la venta del tabaco, limitada si acaso a los estancos y punto. Y luego prohibir fumar en todos los sitios donde se quiera prohibir. Pero no. Aquí nos saltamos lo de la venta, por aquello de cumplir el objetivo de déficit, y así transmitimos un mensaje plagado de contradicciones y de una absoluta falta de convicción. En fin, lo de siempre.

PD: Dado que éste es el primer mensaje desde el óbito de la Ortografía española, el bloggero comunica a sus hipotéticos y siempre callados lectores que no piensa aplicar las nuevas normas aprobadas por la RAE, y que seguirá escribiendo (o intentándolo al menos) correctamente en español.

1 comentarios:

José Miguel Prefasi dijo...

Yo lo dejé el 26 de junio de 2002 y me acuerdo como si fuese ayer.

La razón por lo que lo dejé fue que a un buen amigo, recién prejubilado del Banesto, le sacudió un ictus que le dejó muy tocado. No puede hablar, no sabe leer, el lado derecho del cuerpo paralizado, etc, etc...

Me enteré a las 8 de la mañana y cuando acabé el último cigarro del paquete (a las 5 de la tarde) lo dejé.

Con un par de narices y sin ayuda médica.

Hasta hoy.

El pasado 26 de diciembre cumplí 102 meses sin fumar.