Pues resulta que tan sólo son cuatro años y medio, que tampoco es tanto. Me refiero a la comparativa de edad entre el bloggero y un señor famoso de Setúbal, que resulta que no es tan mayor como aparenta en la tele. Quizá sea por eso que ambos tenemos un hijo de casi la misma edad. Bueno, él tiene también una hija de catorce o quince, además del famoso niño al que le dedica los cuartos goles del equipo que dirige, y el bloggero, como sabéis, tiene tan sólo un unigénito.
El caso es que el tío este es un rebordesío con menos gracia que una semana en una cárcel turca. Un malaje, que dirían los del Betis. Que vamos a ver, lo de mimar a los vástagos está muy bien, pero es que este tío es un exagerao, y claro, acaba por dejarnos en evidencia a los demás, que a su lado somos poco menos que unos malos padres, que no consentimos todos los caprichos a la descendencia.
A ver, ¿quién no ha escuchado nunca a su hijo volver del colegio diciendo que un niño de su clase se ha metido con él? Seguro que nos ha pasado a todos. Pero claro, a nosotros no se nos ocurre ir al colegio y tirarle al coleguita de turno del pelo y las orejas. Pues aunque no os lo creáis, eso es lo que hizo Don José en Portugal allá por el año 2007, ante las quejas de su primogénita. Luego, eso sí, fue todo contrición, carita de pena y disculpas por escrito. Pero a su hija que le quitaran lo bailao, que las venganzas no son reversibles.
Con todo, eso no es lo peor. Lo que a mí me saca de quicio del juntaplayers éste es su forma de poner en evidencia a los padres españoles, que no podemos llevarnos a nuestros hijos al trabajo cada vez que nos sale de ahí mismo y ponerlos a entrenar con unos cuantos millonarios famosos. Que no sé si os habéis fijado, pero en cuanto dan vacaciones, zas, en los entrenamientos de cierto equipo vikingo aparece el niño de Don José en el césped, mientras que los niños de los demás se tienen que conformar con hacer horas de cola para ver pasar velozmente a los ídolos futboleros cuando bajan del autobús. Que menudos son éstos a la hora de atender a la chiquillería, que parece que los niños contagiaran algo, de como corren al verlos. Más o menos como antes, cuenta un veterano jugador colchonero, que recuerda como al salir del Metropolitano incluso se echaban pachangas con los niños en el aparcamiento antes de irse a casa en Metro. (Y que conste que el exjugador que cuenta esto era entonces internacional).
Claro, es obvio que nuestros trabajos son menos atractivos para los niños que el de Don José, pero tampoco hace falta que nos lo restrieguen por la cara. Digo yo.
Así que a ver si dejamos de darle caña al padre-perfecto. Que me juego diez doblones y una caña a que el próximo partido no va a tener este problema, porque seguro que sienta al niño a su lado. A ver si es que un hijo de Don José no es capaz de hacer lo mismo que hace ese señor de Totana que se sienta a su lado y no sabe ni hablar portugués. Menudo. Y menos mal que Rodríguez es del Barça, que si no, ya me veo yo a Alba y Laura queriendo presidir un Consejo de Ministros cualquier viernes de estos...
En fin...
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