martes, 1 de febrero de 2011

De un Saloon del Far West

No sé vosotros, pero yo me imagino al mismísimo William Munny, entrando en el saloon de Big Wiskie. Momento tensión. O a otros "alter egos" de Eastwood, Clint Eastwood. Por ejemplo a los de la trilogía de Sergio Leone (Joe en 'Por un puñado de dólares', 1964; Monco en 'La Muerte tenía un precio', 1965; y Blondie en 'El bueno, el feo y el malo', 1966). Porque es ver a Clint Eastwood con su cigarro en la boca, su sombrero sucio y su poncho al hombro y, oye, como que le pega eso de empujar la doble puerta del saloon y entrar en el mismo provocando el silencio de la pianola y el fin del cacareo de alguna lumi mientras el bueno del camarero se esconde bajo la barra para evitar los tiros (eso sí, generalmente llevando en su mano un vaso que sigue limpiando allí escondido).

Que mira que hay vaqueros, en la realidad y la ficción. Desde Henry McCarty a Marion Mitchell Morrison. Desde Patrick Floyd Garrett a Vladymir Ivanovich Palahniuk. Muchos. Pero no sé por qué en el primero que pienso siempre es en el señor de la Madera del Este. Y por muy alta estima que le tenga, no me parecería mal que al entrar en el saloon, antes o después de despachar a algún forastero de esos que nunca debieron cruzar el Mississippi escupa en el recipiente colocado a tal fin. Que lo de la escupidera no es patrimonio del Lejano Oeste, pero le va como anillo al dedo.

Eso sí, a un Lejano Oeste que basa su adjetivo en el tiempo, no en la distancia, porque haciendo memoria (y preguntando al Tito Google, todo sea dicho) cuento trece equipos en la NBA al otro lado de la bisectriz: Portland Trail Blazers, Sacramento Kings, Golden State Warriors, Clipper y Lakers de Los Angeles, Utah Jazz, Phoenix Suns, Denver Nuggets, Oklahoma City Thunder, Dallas Mavericks, San Antonio Spurs, Houston Rockets y hasta los Minnesota Timberwolves. Y he visto muchos, muchísimos partidos de la NBA, y nunca he visto a un jugador escupir en un partido. Y tampoco he visto hacerlo a ninguno de los jugadores de los equipos de la National Football League en el Far West, y eso que algunos tienen nombres míticos del Western (Seattle Seahawks, San Francisco 49ers, Oakland Raiders, San Diego Chargers, Arizona Cardinals, Denver Broncos, Kansas City Chiefs, Dallas Cowboys, Houston Texans y Minnesota Vikings).

Vale, los unos juegan en parqué, los otros llevan protector bucal, pero en cualquier caso, demuestran que no es necesario pasarse todo el partido escupiendo como forajidos del oeste. Que se puede correr, jugar, competir.

Entonces, ¿alguien sería tan amable de explicar por qué los futbolistas de cualquier procedencia son tan cerdos y dan un ejemplo tan repelente a los niños? Que joé, yo he jugado al fútbol de niño durante horas y juro que no escupía. Y creo que los lapos no son proporcionales a la calidad para explicarlo todo en que yo era muy malo.

No lo entiendo. Decididamente que no tiene ninguna lógica. Y si queréis, no ya por el respeto al público (hoy la alta definición en los partidos resulta especialmente degradante en el sentido mencionado), que es que luego se caen -o les hacen falta- y acaban revolcándose en los gargajos de sus compañeros. Asqueroso. Y le da la razón a los que acusan a los futbolistas de niños mimados y malcriados por directivos que les pagan una pasta. Porque si yo fuera presidente de un club, quedaba prohibido escupir. Y me juego lo que queráis a que no por ello bajaba la calidad.

Fotowiki: Los tres futbolistas, en versión de Disney en 1933.