lunes, 21 de febrero de 2011

De una palabra fea de escribir y más aún de leer (Del desahucio)

De tarde en tarde, nos damos de bruces en la prensa, la radio o la televisión con la noticia de unas gentes que han perdido su casa. El enfoque de los hechos oscilará entre el amarillismo y el sensacionalismo de algunos y la cordura de otros, pero no quitará ni un ápice de dureza a la triste situación de quien se ve despojado de su casa, arrojado a la calle, en muchos casos, con niños o su cargo o personas de edad avanzada.

Vaya por delante que no defiendo el impago de rentas, hipotecas o alquileres. Que uno cree que la base de la convivencia pasa por un escrupuloso respeto de las normas y que esto sería el caos si de pronto nadie tuviera consecuencias por sus impagos. Y que además, los "ocupas" (que en español se escribe con c) y el resto de los llamados "antisistema" me caen especialmente mal. Pero eso no quita para que los desahucios figuren entre las noticias que más me impresionan o incluso, lo confieso, me afectan.

No sé cuál sería la solución ideal, ni tampoco creo que haya que crear juzgados especiales de lo inmobiliario (aunque ahora parece que hay que tener un juzgado y un fiscal casi para cada cosa). Pero es obvio que la actual crisis económica, esa que nuestros vecinos parecen ir superando y que en las Españas está agarrada como una garrapata, ha dado más de un susto de esta naturaleza, y los que desgraciadamente le quedan.

Por supuesto que hay desahucios y desahucios, como en todo. Que recuerdo yo la fiereza con la que una señora se oponía a ser desalojada "de una de sus propiedades", que vale que viviera en ella, pero la buena mujer tenía tres o cuatro casas más, y hombre, como que no es lo mismo.

Hace unos meses, por el contrario, leía, en el curso de una investigación biográfica sobre un "desconocido" músico murciano de finales del XIX y principios del XX, como tras su muerte, en 1932, su viuda y sus cuatro hijos pequeños fueron desahuciados de forma violenta y salvaje en Madrid, arrojando sus pertenencias por la ventana y desalojando la vivienda en la que residían por haberse retrasado mes y medio en el pago del alquiler. Que obviamente -y no es consuelo- parece que antes eran más brutos que ahora. Aunque viendo que el término correcto -jurídicamente hablando- para referirse al desahucio de las personas de una vivienda es 'lanzamiento', no sé si lo que están dando son ideas.

Y sinceramente, me gustaría terminar esta entrada con algo que le restara dramatismo al asunto, y le pusiera un toque de humor, pero creo que ni toca, ni se me ocurre, ni procede.

1 comentarios:

sushi de anguila dijo...

Qué terribles siempre los deshaucios... salvo los de los okupas, apropiadores de lo ajeno que encima van dando lecciones de ética...