Decididamente, los musicales están de moda. Una moda un poco cara, pero moda. Que no hay pareja "in" que se precie que, a su vuelta de London, New York o Madriz no presuman de haber visto al menos un musical. Y eso que en muchos casos no tienen ni repajolera idea del idioma nativo, pero no les importa. Que conozco a unos que contaban con tal pasión su visita a 'The Phantom ot the Opera' en London que me recordaban a esos niños que no saben leer, pero ven los dibujos de los tebeos.
Lo más curioso de los fanáticos de los musicales (en sus versiones fetén en Broadway o el West End o en las giras de finde en provincias periféricas) es que se piensan que es algo que acaban de inventar hace tres días, remontándose a una prehistoria a base de 'Chicago' (1975), 'Evita' (1978), 'Los Miserables' (1980) o 'Cats' (1981). Vamos que tú a éstos les hablas de que sus mamis ya se ponían tontorronas con Camilo Sesto haciendo de 'Jesus Christ Superstar' (1970) y flipan en colores. Y no te digo ya nada cuando les hablas de 'Hair', estrenado en el año I de la existencia del bloggero.
Porque para ellos los musicales son cosa moderna. Nada de hablar de 'West Side Story' o 'Cabaret'. Ni de 'Grease', 'My Fair Lady' o cosas así. Que eso no son musicales, al menos en el sentido modernen de la palabra. Que no iban a verlos a un teatro chulo, sino a un cine, y eso es como cutre, en comparación con.
Lo que sí es básico es que para ellos los musicales son un invento más americano que la cocacola. Faltaría más. Y lo jodío del caso es que se lo creen, y cuando les dices que en la España de hace un siglo la peña se pasaba el día de musical en musical, y que hasta en las ciudades pequeñas cada año se programaban decenas de musicales te miran raro. Y ponen cara de poker y te sueltan un "no entiendo" que parecen el de Setúbal a punto de preguntar cuatro veces por qué.
¿Me adivináis, no? Sí, voy por ahí. Que la zarzuela era exactamente lo mismo que un musical. Una obra más moderna, más ligera, de temática más popular y cercana que la ópera. Era un musical de todas todas, y de los buenos, sin refritos de canciones, todo con producción original. Y con gran éxito de público.
Por eso me hace gracia cuando la peña afirma, tajante, que la zarzuela ha muerto. O que es un género acabado, exclusivo de los nostálgicos apuntados al IMSERSO. Ja. Que en cuanto mismo le prohiban volver a hacer una antología a José Luis Moreno (ufff) y se ponga en materia algún súbdito de Barack I (y último) en las Colonias Escindidas ya veréis los nuevos musicales, ya.
La zarzuela ha muerto, dicen los mismos que creyeron haber inventado la pólvora cuando cruzaron el umbral de un teatro de Broadway para ver 'Los Productores'. Los mismos que, sin duda alguna, presumirán, ya lo veréis, a su vuelta de London o New York de haber visto 'The Fair of the Dove', 'Water, Sugarcubes and Burningwater', 'Giants and Big-Heads', 'Mistress Franklin' o 'The Woman with a Roses' Bouquet', en cuanto mismo los yankees descubran el género chico.
Éxito fijo. Y no te cuento nada cuando estrenen, con gran afluencia de público, y a mayor orgullo de los vecinos de North Cartagena, 'The Parranda'.
Fotowiki: Where are you going with Manila's shawl? Where are you going with chinesse dress?. 'The Fair of the Dove', Musical de Tomás Bretón estrenado en 1894.

3 comentarios:
Mondante lo de los títulos... very original...
Resulta tan apasionante ser consciente de que nuestra querida Zarzuela nació, de manos de Calderón y otros, en plena época de los mosqueteros... menudo Siglo de Oro el nuestro, tan maravilloso como ignorado por nuestros cineastas, que prefieren rodar una insulsa y bobalicona 'Crónica del Rey pasmado' antes que un gran peliculón que hable del nacimiento en la corte real del mismo soberano, Felipe IV, de semejante acontecimiento musical...
Como recuerda este estupendo texto, extraído de la red:
La zarzuela nació en el siglo XVII en el pabellón de caza del Palacio de la Zarzuela (lugar llamado así por el gran número de zarzas que lo rodeaban) en la época de Felipe IV. Gran amante del teatro, éste monarca era aficionado a los espectáculos musicales cargados de efectos; así, gustaba de celebrar representaciones nocturnas, fiestas cortesanas, con música. Aprovechando los momentos de descanso con sus cortesanos, y para distraerse, contrataba compañías madrilenas que representaban obras donde se alternaba el canto con pasajes hablados. Las primeras zarzuelas nacieron como pequeños experimentos, un género musical que se situaba entre el teatro, el concierto, el sainete y la tonadilla.
El jardín de Falerina (1648), La fiera, el rayo y la piedra (1652), Fortunas de Andrómeda y Perseo (1653), El golfo de las Sirenas y El laurel de Apolo, todas de Pedro Calderón de la Barca, son consideradas las primeras zarzuelas.
Hace unos años cuatro amigos nos dispusimos a pasar una Semana Santa en Londres muy poco turística. Todos la conocíamos pero unos más que otros. Se puede decir que dos eran los expertos en Londres y otro amigo y yo éramos los más novatillos. Nada más llegar a nuestro céntrico hotel “ The Radisson Edwardian Kenilworth” uno de los expertos se dirigió al recepcionista y le solicito que le buscara entradas para ver “El fantasma de la Opera”al día siguiente. A mí no me hacía mucha gracia la idea, teníamos ganas de fiesta y para mi suponía que íbamos a “perder” una noche en el teatro. Mi primera impresión fue reafirmada después de conocer el precio al que nos ofrecía las entradas, 60 libras, casi 80 euros al cambio de esos años.
A la mañana siguiente le preguntamos al recepcionista si ya las tenía, y nos dijo todavía no había podido conseguirlas. Nos fuimos a dar una vuelta por Londres, y justo antes de llegar al London Eye los novatillos nos encontramos con un stand donde se vendían entradas del día para los teatros del West End. Preguntamos y nos dijeron que para esa misma tarde tenían entradas para The Phantom of the Opera en el Majestic a 30 libras. Los expertos dudaron de la validez de esas entradas, pero al final accedieron a que las comprásemos. No tenían cuatro butacas juntas por lo que nos vendieron 2 y 2.
Al llegar la noche nos acercamos al teatro, los dudosos amigos fueron a la taquilla y a la taquillera todavía le preguntaron si tenían que pagar un suplemento, la taquillera les dijo que las entradas eran validas y que podíamos pasar al interior del teatro. Antes de entrar le dimos la posibilidad a los expertos de elegir sus localidades. G12,G13,M7,M8. Adivinad las que escogieron, pues si, las M7 y la M8. Cuando estábamos en el patio de butacas, nos llevamos la grata sorpresa que el teatro llevaba la numeración al revés que en España, y pudimos disfrutar de una séptima fila y en el centro mientras que nuestros expertos amigos se fueron al fondo y a la esquina. Todavía no nos lo han perdonado :))
Al margen de esta anécdota, creo que tienes razón, hay mucho modismo en casi todo, y los musicales no podían ser menos. Personalmente no me arrepiento de haber asistido, pero también he tenido la suerte de ver el mejor musical de toda la historia en palabras de expertos muchísimo más entendidos que yo, pero yo soy de los que aun siguen disfrutando de los musicales de Fred Astaire.
Gracias a ambos por vuestros comentarios. Como siempre, don sushi aportando unas pinceladas de Historia absolutamente necesarias. ¿Cuándo se dará cuenta el común de los mortales que el libro de ruta de nuestro devenir en Gaia está escrito en los libros de Historia?
Y qué decir de Don Luis, aportando una anécdota que complementa y completa lo dicho, porque no todos los espectadores de musicales coleccionan muescas, como no todos los viajeros son turistas.
Un abrazo a ambos.
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