jueves, 23 de junio de 2011

De la Mili y otras cosas antiguas

El otro día preguntaba mi unigénito, con cara de sorprendido, que qué era eso. Y "eso" era una cinta de casete (mira que me suena raro escribirlo como dice la RAE), una de esas antiguallas que nos recuerdan a algunos que procedemos del siglo pasado. Y es que nuestro inventario de bienes recordados, aquellos que nos han ayudado a hacer el camino que nos ha llevado al yo presente, está plagado de gadgets -que los llamarían ahora- más pasados de moda que una cajita de rapé. Para colmo, el mismo día, un tal Adriá, de profesión sus cacerolas, recordaba sus vínculos con la Tri en tiempos de la soldadesca. Y claro, al bloggero, como buen contador de batallitas, le ha dado por escribir de la Mili. Nada raro, supongo.

Contaba don Ferrán que se hizo cocinero en la Mili, más concretamente en las cocinas de la Capitanía General en Cartagena, allá por el año de 1983. Y lo hacía -lo ha hecho en muchas ocasiones, según me enseña el Tito Google- sin ningún tipo de problema, que parece que se podía hacer el SMO y recordarlo sin padecimiento. (Hoy intuyo que a la Mili no la llamarían tal, sino que sería más conocida por las siglas de Servicio Militar Obligatorio).

Y claro, es lo que nos pasa a los XY de mi generación y anteriores, que es mencionar la Mili y entrarnos una incontinencia verbal que nos da por contar batallitas. Aunque juro que voy a intentar no caer en la tentación.

Lo mío de hoy es una trasnochada y políticamente incorrecta defensa de una cosa que entiendo que era buena. Mal planteada, mal estructurada y probablemente con muchas cosas malas, y en la que algunos abusarían de algunas circunstancias, pero que, en general, creo que tenía una gran parte positiva.

Para empezar, en los tiempos que vivimos, es un absurdo que exista un lo que sea sólo para hombres, como Soberano. Fuere lo que fuere, habría de fuerlo para XY y para XX. Sin ningún género de dudas. Y tampoco tiene lógica en los tiempos que vivimos circunscribir algo a lo militar, que es una parte importante de la sociedad, pero ya no tiene la preponderancia de otros tiempos.

Sin embargo, creo que no es malo el concepto de "Servicio" a la colectividad. Se puede decir que para eso ya existen las oenegés y el voluntariado, y es cierto, pero eso es algo que se hace viviendo en casa de papá y mamá, y como que no es lo mismo. Que además, no sé si os habéis dado cuenta, somos un poco ciudadanistas en esto y en casi todo. Ciudadanista es un palabro que me acabo de inventar, y que viene a ser algo así como centralista, pero cambiando el concepto capitalino por el de la vida en la ciudad. Que hay muchas más realidades al margen de la nuestra.

Porque para mí, lo más importante que aportaba aquella Mili era la oportunidad de salir de casa. Dejar el pueblo del que muchos no habían salido -conocí varios casos en el 3º/92 del CIM- y conocer otras personas, otras realidades, otros puntos de vista. Enterarte -yo lo hice allí- de que había gente que a punto de acabar el siglo XX no sabía leer ni escribir con 18 años. Gente que no había visto nunca a una chica "sin mangas" en vivo y en directo -lo juro-. No, no era malo salir de casa, conocer a otras personas.

Y tampoco era malo -y sé que en esto habrá todavía más discrepantes- dejar de mirar al otro por su aspecto, por su peinado, por su ropa o la marca de ésta. Que todo el mundo tuviera la misma pinta, durante unos meses, creo que ayudaba a formarse de otra manera. Con matices, pero lo creo así. Y lo mismo podría decir de la autoridad. ¿Que había quien abusaba de ella? No me cabe duda, pero creo que desde que José María Aznar eliminó el SMO, cuando los indignados se llamaba insumisos (pero ya existían), hay generaciones enteritas que no han tenido nunca que hacer nada porque sí. Y no digo yo que no haya que entender y razonar, pero hay cosas que se tienen que hacer y punto. Y eso hoy no lo comparte casi nadie, craso error. Que cualquier día vemos como se reclama -indicios hay ya en muchos campos- que los familiares de un enfermo voten para elegir el tratamiento de su abuelo o que el pasaje del avión decida las normas del vuelo. En fin, ya me entendéis.

Así que sé que hoy no tendré tantos coincidentes, y a lo mejor hasta comentáis algo, pero sinceramente, creo que sería bueno que hubiera un añito de servicio obligatorio para los españolitos y las españolitas. Fuera de casa, por supuesto. Militar o civil. Pero dando el callo.

Foto: El marinero Ferrán Adriá Acosta, con sus compis de cocina en la Capitanía de Cartagena. Foto ABC.