viernes 3 de junio de 2011

Green leaves of summer

La madrugada del domingo 6 de marzo de 1836 se presentaba para aquellos hombres como una noche más, entre el continuo sobresalto motivado por los bombardeos de los que era objeto aquel viejo fuerte. El Álamo, el antiguo convento de San Antonio de Valero, era una construcción levantada por los españoles en los tiempos en que la ciudad texana de San Antonio, formaba parte de la Corona hispana.

Pero aquella noche El Álamo aún pertenecía a México. Con todo, los que se guarnecían en el interior, resistiendo un asedio sin tregua desde el 23 de febrero, no se consideraban mexicanos, sino texanos, y sus preferencias -caso de asociar su Estado a otro- pasaban más por los Estados Unidos que tenían encima que por los de debajo.

Eran menos de trescientos (hay quien habla incluso de tan solo 180), y su suerte parecía muy distinta a la que corrieron los espartanos de Leónidas en las Termópilas. Al frente de aquellos héroes de la estrella solitaria, de aquellos pioneros del Lonely Star State, William Travis y Jim Bowie, y entre sus hombres, uno que habría de pasar a la Historia, que se convertiría en un mito, en alguien recordado y admirado por sus paisanos: Davy Crockett.

Veintiuna veces, entre películas y series de televisión, ha aparecido Crockett como protagonista en la pantalla, entre ellas la que estrenara en 1960 John Wayne, The Duke, el mayor de los símbolos de la identidad nacional de los iuesei, con permiso de George Washington. Más de dos decenas de veces en que el héroe de El Álamo "ha vuelto a la vida", entre la admiración y el orgullo de un pueblo que es capaz de idolatrar a sus héroes, aunque éstos adquirieran su notoriedad en una guerra. Que es capaz de estar orgulloso de su historia, en lugar de pedir perdón por ella. Que ensalza las virtudes del patriotismo, sin el absurdo miedo de creer que con ello ofende a sus vecinos.

Dicen que la batalla de El Álamo fue crucial para la independencia de Texas, porque los trece días en que aquellos valientes aguantaron a los mexicanos permitieron la reorganización de los insurrectos. Dicen también que la Historia adornó mucho de lo que allí pasó (algo, por otra parte, habitual en toda contienda). Pero por encima de todo, aquella batalla sería recordada desde un primer momento, y al grito de "Remember The Alamo!" se convirtió en un estandarte para la moral de los texanos, primero por su independencia (1845) y, posteriormente, en la guerra entre México y los Estados Unidos entre 1846 y 1848. ¡Recordad El Álamo!

Travis y Bowie no quisieron seguir en su retirada a Samuel Houston, el líder de la independencia texana, y prefirieron permanecer en El Álamo. Enfrentarse allí al Ejército mexicano, miles de soldados encabezados por el mismísimo Presidente, Antonio López de Santa Anna. Dicen que pensaban que Sam Houston les enviaría refuerzos. No fue así. En El Álamo murieron casi todos sus defensores. El Álamo no se rinde, El Álamo no se rindió, y aquellos trece días de asedio que finalizaron en la noche del 6 de marzo quedarían para siempre en la memoria de Texas y de los Estados Unidos.

Aquí no somos capaces de tanta generosidad con la Historia. Mirar atrás suele ser últimamente sinónimo de revisionismo, de juzgar con criterios y parámetros de la moral de nuestros días a quienes actuaban según lo que la conciencia de otro tiempo establecía. Miramos atrás para avergonzarnos. Para pedir perdón a los vecinos porque hace cien años estuvimos en guerra con ellos, y hasta los indemnizamos millonariamente. Que manda gónadas (del Rif).

En las Españas, el 6 de marzo de 1836 María Cristina nos quería gobernar, y algunos le hacían frente en la que vino a llamarse Primera Guerra Carlista. Mientras, uno de sus ministros, un tal Juan Álvarez Mendizábal, que luego sería Diputado por la circunscripción murciana de Cieza, sacaba perras para la contienda a base de nacionalizar conventos, una cosa que se llamó Desamortización y que dejó a la Tri hecha un solar y se cargó buena parte de su Historia y mucho de su Patrimonio Artístico.

Aquel año, un bebé sevillano, de nombre Gustavo Adolfo y de apenas tres semanas de vida, era amamantado mucho antes de que pudiera escribir rimas o leyendas. Mientras, en estas tierras, en las que el obispo era un tal José Antonio de Azpeytia y Sáenz de Santamaría, riojano y que antes había sido prelado de Lugo, se creaban en ese año nuevos municipios, como San Javier, San Pedro del Pinatar y Torre Pacheco y, según cuenta Mister Google, nacía en la Tri un tipo llamado Manuel González Soriano, que sería toda una figura del Espiritismo. A ver si lo investigo (sin ouija).

Han pasado 175 años. Pero aquí no nos acordamos de las que cosas que pasaban hace tanto tiempo. Acaso porque no queda nadie a quien echarle las culpas (de lo que sea, que eso es lo de menos).

Fotowiki: Sello de las Colonias Escindidas y el Lejano Oeste impreso en el año en que nació el bloggero, con la inconfundible silueta de Davy Crockett, con su gorro de mapache y su rifle, al que llamó Betsy. Por cierto, el título de la entrada de hoy corresponde a una magnífica canción de Dimitri Tiomkin y Paul Webster para la peli 'El Álamo', de 1960.