martes 16 de agosto de 2011

Teban Sventon, detective privado

Lee uno por ahí que la literatura sueca está de moda, y oye, que va a ser verdad. Que desde 2005, año en que un tal Stieg Larsson afirmó que los 'Män som hatar kvinnor', los hombres no aman a las mujeres, y que éstas y éstos devoran los  tres volúmenes que el señor Larsson tuvo tiempo de escribir antes de marchar, Odín mediante, al Valhalla. Algunos de aquellos hombres y mujeres, antes de jugar con una cerilla y un bidón de gasolina (niños abstenerse) incluso tuvieron tiempo de descubrir a Camilla Läckberg, que ya en 2002 dió a luz a Erika Falck y a Patrik Hedströn, y que desde entonces ha publicado una jartá de volúmenes protagonizados por esa singular pareja, en unas novelas que a juicio de algunos -no del bloggero- recuerda un tanto la obra de Agatha Christie. Será porque parece la versión de Ikea de la parte más ñoña de Mistress Agatha Mary Clarissa Miller. En fin...

El caso es que desde que en octubre del pasado año escribía acerca del verdadero origen de la literatura sueca (o sea, Pippi Långstrump) tenía prometido contaros algo de Teban Sventon, detective privado. Y esa explicación que os debo, parafraseando a Don José Isbert, os la voy a pagar.

Hubo un tiempo en que la gente bajita no tenía consola. Ni internet. Tenía una calle en la que poder jugar y además, gracias a la editorial Juventud, un montón de libros en casa. El bloggero, como tantos otros de su generación, devoró la colección completa de Los Cinco antes de levantar palmo y medio del suelo, y no conforme con ello, también la otra serie salida de la mano de la británica Enid Blyton publicada por Juventud: Los Siete Secretos. Más de una vez hemos hablado de ello, y solemos coincidir, como también en haber saltado de continente y editorial y habernos leído a Los Tres Investigadores, publicados por Molino, fundada -por cierto- por un vallisoletano de origen cartagenero.

Pero para mi sorpresa, cuando he mencionado a Teban Sventon resulta que nadie más lo ha leído. Sorpresa.

Teban Sventon, detective privado es para el bloggero, sin lugar a dudas, el verdadero origen de la literatura sueca de detectives. Así que ni el señor Larsson ni la señora Läckberg, el pionero fue un tipo llamado Åke Holmberg (Åke Robert Holmberg) nacido en Estocolmo en 1907 y fallecido en la misma ciudad en 1991. Holmberg, que escribió casi toda su obra para jóvenes, inventó en 1948 un curioso personaje, un detective apellidado Sventon al que esa especie tan peculiar de seres humanos -los traductores- llamaron Teban en España o Tam en Reino Unido, por mucho que en origen se llamara Ture, Ture Sventon. Pero aquí lo llamaremos por su nombre español: Teban Sventon.

Dicen, en lo poquito que podemos encontrar de su obra gracias al Tito Gúguel, que Teban Sventon nació como una parodia, como un personaje pelín ridículo. No podía pronunciar correctamente la 's'; en sus primeros libros volaba en una alfombra mágica, se pasaba el día comiendo algún tipo de dulce (no consigo recordar cual), y tenía como némesis a un maluto apodado Comadreja. Y lo mismo rescataba a un caballo llamado Isabella que recorría los canales de Venecia (mi primer acercamiento a aquella ciudad vino, ciertamente, de la mano de Teban Sventon) persiguiendo al malvado Comadreja.

Nueve libros, nueve, publicados entre 1948 y 1973, que debió ser, más o menos, cuando me topé con el peculiar detective de la barba postiza que tenía como amigo watsoniano a un tipo árabe bastante repipi llamado Omar. Pero Sventon trabajaba solo, los colegas eran más secundarios y los libros, más bien cortos, se leían en un pis-pas.

Ea. Pues ya os he contado quién era Teban Sventon y he demostrado que uno leía literatura sueca de detectives antes de las princesas de hielo y las corrientes de aire y todo eso, que -por cierto- menudos titulitos se gastan ahora. No como el bloggero, que es más bien poco original.

Sed buenos.

Foto: La portada de uno de los libros de Teban Sventon, tomada del portal todocolección.

1 comentarios:

Fernando Márquez dijo...

Yo sí ley las aventuras de Teban Sventon además de todas las demás que citas.

Saludos